21 de julio de 2026 21:18
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

La naturaleza viene golpeando con fuerza y en lo que va de este crudo invierno ha dejado en el suelo a grandes sectores de 10 regiones del territorio nacional, pero a la vez en paralelo, surge de allí la idea ciudadana de un cambio estructural y una salida democrática a la grave crisis de reconstrucción, bienestar y desarrollo que hoy enfrentan millones de compatriotas.

Desde mediados de julio Chile ha estado siendo azotado por sucesivos sistemas frontales que se han traducido en violentos temporales de lluvia y viento que no se producían desde hace décadas, concretamente en 1984 y 1987 en la zona central hoy de nuevo seriamente afectada. Ello no es novedad en ciudades y localidades sureñas, pero la emergencia se extiende ahora hasta el norte del país.

En estos momentos el panorama es desolador. No se cuenta con cifras definitivas, pero se sabe que hay víctimas fatales, heridos, personas desaparecidas o aisladas, miles de damnificados, casas destruidas o inhabitables, mucha gente evacuada por la crecida de ríos y esteros, caminos cortados, etc., esto es, un desastre marca mayor que pone a prueba la actual administración de extrema derecha que está en La Moneda.

A ello hay que agregar los daños en la agricultura y la infraestructura, todo lo cual lleva a evaluar las pérdidas inicialmente en no menos de 200 millones de dólares. Debe recordarse que del invierno restan aún los días que quedan de julio, todo agosto y hasta el 21 de septiembre. La catástrofe puede seguir en aumento y llover lo que no ha llovido en años, colocando en jaque a las autoridades que están al frente del país.

El gobierno presidido por José Kast – antes que echar mano al 2% constitucional para calamidades públicas – puede ahora decidir si echa pie atrás en su proyecto estrella denominado de reconstrucción nacional y en lugar de bajar le sube los impuestos a los poderosos dueños de grandes empresas. El objetivo central sería destinar esos importantes recursos para atender con rapidez y eficacia la dura emergencia que se ha presentado inesperadamente.

La Moneda bajo la lupa: es la mejor manera de comprobar los objetivos de esta mega-reforma. El proyecto fue aprobado por el Senado y se encuentra en el Congreso Nacional para completar nuevas instancias. Sin embargo, en estas circunstancias, todavía es tiempo de que pueda ser retirado o modificado sustancialmente por el Ejecutivo.

El país no está en condiciones de superar lo ocurrido ni aun con un esfuerzo extraordinario de la ciudadanía. Esta se encuentra cansada, agotada y aburrida de tener que estar apretándose el cinturón con frecuencia, porque no hay empleo, los salarios son insuficientes para alcanzar el mes y las deudas suman y siguen. 3 de 4 hogares chilenos están endeudados y no es posible que se les exija nuevos compromisos.

Además, la confianza en los gobernantes de hoy se ha ido perdiendo progresivamente. Quienes ganaron las elecciones presidenciales de diciembre se encuentran actualmente a la baja por los reiterados errores y desatinos cometidos, según lo confirman las encuestas de opinión pública que se han estado efectuando desde el 11 de marzo adelante.

Gobernar no es solo instalar una reforma tributaria encubierta para reducir los impuestos a los amigos, cercanos y súper ricos, ni para dar invariabilidad en los tributos por tiempo indefinido a los inversionistas transnacionales que en Chile ganan a manos llenas. También hay que escuchar y atender las necesidades populares que el modelo neoliberal dejado por la dictadura desprecia con soberanía.

En medio de los temporales, el presidente pareciera más preocupado de la aprobación de la mega reforma en el Parlamento. Está claro que su mayor interés es no decepcionar a los grandes inversionistas foráneos, cuyas empresas – como el caso del suministro eléctrico – deja mucho que desear y ocasiona continuas protestas de los usuarios, medio millón de los cuales quedaron sin luz esta vez.

Cuesta creerlo, pero en este país en que hay tanto desempleo y tanta pobreza, a lo que se agregan ahora miles de chilenos que están con el agua al cuello sigue rigiendo el mismo sistema de injusticias y privilegios para los más ricos. Es inadmisible, pero ello ha sido corroborado por la implacable acción de la naturaleza.

Aun así, la esperanza es lo último que se pierde. La propuesta ciudadana surgida en estado de catástrofe, bajo torrenciales precipitaciones y vientos huracanados, con alerta roja a lo largo de todo Chile y en una situación de emergencia generalizada continúa en pie y espera ser tomada en cuenta por La Moneda.

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