- Omar Andrés Rubio, escribidor. Autor del libro “La flor de la higuera”
El 5 de octubre de 1974, después del encierro a las cinco de la tarde, mientras todo estaba tranquilo y aburrido como siempre, cuando ya no había ni sacadas a interrogatorio ni mortificaciones de fiscalía, y el techo tejía telarañas imaginarias, sin ya nada que contar y tampoco que escuchar.
El ”chago” Muñoz, único privilegiado en la cárcel que tenía televisor, privilegio por el cual habría que preguntar al capitán Crespo, pone la tele a todo volumen.
Un locutor eufórico relataba el “combate” que libraban más de 500 milicos contra la “más peligrosa banda de extremistas de Chile”. Hablaba de los helicópteros que sobrevolaban la calle Santa Fe, en la comuna de San Miguel y que se escuchaban los balazos. Y habla el coronel Contreras diciendo que esa era una casa de seguridad del MIR, y se suponía que allí estaba Miguel Enríquez Espinoza, mi Secretario General.
El locutor parecía relator de fútbol. Las balas que venían y que iban…y hartas más iban…hasta que ya no vino ninguna otra.. Y es que Miguel había recibido cinco balazos, y el último en plena cabeza. La Carmen Castillo, preñada y todo, también había quedado gravemente herida.
Era el fin de la esperanza…
Me vino un ataque de angustia y llano. El “mundo” llegaba a su fin. No pude dormir esa noche.
Después sabríamos que Sotomayor y la guardia a su cargo, abandonaron al Miguel y la Carmen para asilarse en alguna embajada. ¡Ah! Y, por supuesto, para que Sotomayor no fuese objeto de asedio por parte del MIR fue acogido por el Partido Comunista de Chile y, peor aún, con el consentimiento del gobierno de ¡Cuba! ¿O sea?