28 de abril de 2026 18:08
  • Christian Lucero, abogado

Han pasado meses. Cartas formales, solicitudes, gestiones comunitarias. Un conflicto conocido, visible, urgente. Y, sin embargo, el municipio ha guardado silencio.

Mientras tanto, hoy nos enfrentamos a un nuevo capítulo judicial: una demanda que busca la restitución del terreno donde por más de treinta años se ha desarrollado la práctica del bicicross en Viña del Mar. No se trata de un espacio cualquiera. Es un lugar donde han crecido generaciones completas de niños, jóvenes y familias. Un espacio de deporte, integración y contención social.

La pregunta es inevitable:

Alcaldesa Ripamontti, ¿por qué guardó silencio?

No se trata de una interpelación política menor. Se trata de una omisión institucional grave. Porque este conflicto no es nuevo. Era conocido. Fue advertido. Fue documentado. Se pidió intervención, mediación, liderazgo. Y lo que hubo fue inacción.

El problema no es solo jurídico. Es profundamente social.

Pretender que una comunidad deportiva puede entrar en “receso” durante dos o tres años mientras se busca un nuevo terreno es simplemente desconocer la realidad. En ese tiempo, no se detiene una actividad: se pierde una generación completa de deportistas.

Niños que hoy entrenan dejarán de hacerlo. Jóvenes que estaban en proceso formativo abandonarán. Monitores, proyectos, redes comunitarias: todo se desarticula. El daño no es transitorio. Es estructural.

Más aún cuando existen antecedentes claros de que parte del terreno involucrado es de propiedad municipal. Es decir, no se trata de un conflicto ajeno al municipio. Es un conflicto en el que el municipio tiene un rol directo, una responsabilidad concreta y una capacidad de acción que simplemente no se ejerció.

El silencio, en estos casos, no es neutral.

El silencio toma partido.

Y hoy, ese silencio ha permitido que el conflicto escale a un punto crítico, donde lo que está en juego no es solo un terreno, sino el futuro de una práctica deportiva histórica de la ciudad.

Resulta aún más difícil de comprender cuando, en paralelo, la autoridad comunal se encuentra de vacaciones. No por el hecho en sí —legítimo en cualquier función—, sino por el contexto: un conflicto abierto, sin respuesta, con consecuencias inminentes para cientos de familias.

Viña del Mar no puede darse el lujo de perder espacios comunitarios por falta de decisión.

Aquí no basta con administrar.

Se requiere liderazgo.

Liderazgo para sentarse en la mesa, para convocar a las partes, para explorar soluciones reales: desde acuerdos de uso, hasta alternativas de relocalización con plazos y condiciones concretas, que no destruyan en el camino lo que tomó décadas construir.

Porque lo que está en juego no es solo una pista de bicicross.

Es una idea de ciudad.

Una que protege lo que funciona, lo que integra, lo que forma.

O una que guarda silencio… hasta que ya es demasiado tarde.

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