28 de abril de 2026 16:29
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

Amigo de los amigos, sobre todo de los grandes empresarios pinochetistas, de los que atesoran mucho dinero, de los que viven rodeados de comodidades en el barrio alto y de los que participan de la concentración económica que agudiza las desigualdades entre chilenos, el presidente Kast parece haberse propuesto gobernar solo para sus amistades.

Esta idea se ha instalado en la ciudadanía cuando apenas transcurre un mes y medio del actual régimen de ultraderecha, que desconoce o no le importa que a lo largo de todo el país haya urgentes carencias y necesidades de las clases populares, de los pobres que van en aumento y de la calle desprotegida.

Todo indica que los objetivos de esta administración son cuidar el cumplimiento del modelo neoliberal. Esto es, acrecentar los ingresos de los ricos y proteger los privilegios de la oligarquía, en desmedro de lo que requiere el pueblo, sus demandas y sus aspiraciones truncadas desde la dictadura.

Todo lo que se está haciendo hoy corresponde al legado de la tiranía militar que asoló a Chile durante 17 años. En ese prolongado periodo muchos compatriotas quedaron en el camino en su intento por recuperar la democracia y sus instituciones derrocadas junto al gobierno popular destituido por la fuerza de las armas.

Actualmente el régimen de extrema derecha que está en La Moneda ha presentado un llamado Plan de Reconstrucción Nacional, aparentando que Chile fue destruido por el gobierno anterior y que hay que hacer todo de nuevo a partir de cimientos, bases y pilares pinochetistas.  En este plan hay 40 medidas, ninguna de las cuales favorece a los sectores desposeídos, pero sí políticas públicas que benefician sin rubor a los ricos y superricos.

La minoría adinerada está en la gloria, porque este es justamente el tipo de gobierno que estaba esperando. En pocos días hay resoluciones implacables que se han tomado, como reventar el precio de los combustibles aumentando sin control una inflación desmedida que angustia a las mayorías. A la vez está la disminución de impuestos a los más pudientes y sus empresas, que se aprontan a multiplicar sus ganancias y utilidades.

Más allá de una “reconstrucción” lo que hay aquí es una reforma tributaria encubierta que regocija a los poderosos. Esta reforma rebaja los impuestos corporativos e incluye el fin del pago de contribuciones a los mayores de 65 años. En la práctica es un regalo de más de 3 mil millones de dólares al 1% más rico, a costa del 99% de la gente humilde cuyo único patrimonio es su esperanza por mejores condiciones de vida que esperan hace largo rato.

El llamado corazón económico del gobierno va a favorecer incluso a miembros del gabinete de Kast y está blindado con invariabilidad tributaria para impedir que el Congreso pueda modificarlo por 25 años. Estos beneficios tributarios no tienen nada a cambio, ya que hay 0 inversión comprometida y 0 empleo garantizado.

Los patrimonios de los ministros van desde 1 millón hasta los 100 millones de dólares, junto con la participación en sociedades que les generan cuantiosos recursos. Hay quienes tienen la edad para que les dejen de cobrar contribuciones por sus viviendas, por lo que son felices beneficiarios de las políticas que están promoviendo.

El ministro de Relaciones Exteriores (Pérez), brazo derecho del grupo Luksic, posee una serie de inmuebles cuyo avalúo fiscal supera los 2 mil millones de pesos. El ministro del Interior (Alvarado) ha declarado 22 propiedades con un valor fiscal superior a los 2 mil millones y el titular de Hacienda (Quiroz) tiene 3 inmuebles por 800 millones de pesos.  Todos ellos son muy cercanos y muy amigos del presidente.

También en tono amistoso el jefe de Estado invitó a almorzar a 70 ex compañeritos de universidad, mediante tarjetas oficiales con letras doradas de la presidencia de la República. El almuerzo fue en los comedores de La Moneda, debido a que Kast no quiso hacerlo en su casa de Buin porque allí le salía mucho más caro.

El mandatario entrega todo su afecto gubernamental a sus cercanos pinochetistas, a sus más próximos agentes del mercado y a sus amigos de siempre, con los cuales comparte un negacionismo total. Las necesidades del pueblo no están consideradas en la agenda oficialista.

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