- Hugo Alcayaga Brisso, periodista
Solo los pobres tienen la necesidad imperiosa de levantarse un domingo cualquiera en pleno invierno antes de las 6 de la mañana cuando todavía está oscuro y la temperatura marca 0°, para iniciar con tiempo los preparativos para atender a los demás y poder acceder a algunas monedas.
En Chile la gente desposeída que se esfuerza por sobrevivir con dignidad está indefensa, no cuenta con un sistema de protección de ninguna naturaleza y carece de privilegios de todo tipo, en tanto nadie piensa en rebajarle los impuestos ni robustecer sus capitales.
Muchos chilenos deben salir a la calle a primera hora aún los fines de semana en condiciones climáticas adversas para ganarse honradamente el pan sin tener la certeza de volver a casa al término de la jornada, porque existe la posibilidad de caer en manos de algún irresponsable que con su imprudencia ponga fin a sus días inesperadamente.
Es lo que ha ocurrido con la tragedia desatada el domingo 12 de julio en curso, pasada las 8:30 de la mañana, en la feria Caupolicán del populoso sector de Gómez Carreño, en la parte alta de Viña del Mar, donde suelen congregarse cientos de pequeños comerciantes y miles de compradores.
Allí murieron seis personas y otras siete quedaron heridas – entre ellas dos lactantes mellizos de ocho meses – al ser arrolladas por un vehículo que corría a exceso de velocidad en un lugar habitualmente muy concurrido, pero que no dispone de las medidas de seguridad que son necesarias. Las víctimas no alcanzaron a escapar de este vehículo fuera de control guiado por un sujeto de 37 años que luego de lo acontecido evitó un linchamiento por testigos y que tras el múltiple atropello corrió a refugiarse en un furgón de Carabineros.
El conductor resultó ser un cabo de Infantería de Marina. La Armada emitió un comunicado reconociendo que se trata de un integrante de esa institución que se encontraba fuera de servicio, pero no dio a conocer su nombre. (Posteriormente se supo que se trataba de Jonathan David Richards Gaete). Por su parte, el subsecretario del Interior se apresuró a afirmar que este individuo no había consumido alcohol o drogas.
Feriantes que escaparon por un pelo dicen que la mortandad pudo ser mayor si el vehículo no choca contra el paradero del lugar. “Algo le pasó al conductor, señalan, que perdió el control que se fue contra la vereda arrollando a las víctimas”.
Luego de la tragedia, cabe una investigación a fondo. Dirigentes de la feria Caupolicán plantearon de inmediato la urgente necesidad de adoptar medidas que permitan evitar en lo sucesivo nuevas desgracias tan dolorosas, a partir de mesas de trabajo y resoluciones que adopten las autoridades pertinentes. Entre otras, faltan barreras de protección y cámaras de televigilancia.
Nada de esto ocurre en comunas adineradas específicamente como Las Condes y Vitacura donde siempre hay un buen pasar y privilegios originados en el poder del dinero. Viña del Mar ha vuelto a mostrar que es una ciudad jardín de dos caras: una es la del turismo, las playas, sus bellezas naturales y el Casino, y la otra la de los campamentos de tránsito y el comercio ambulante que son un emblema de la pobreza y la precariedad expuestas a una muerte inesperada y prematura como ha sucedido ahora.
La Confederación Nacional de Ferias Libres declaró en un comunicado su profundo pesar, solidaridad y preocupación por el trágico accidente. Indicó que en muchas ferias del país hay comercio informal y está la presencia de miles de personas que acuden a abastecerse de alimentos frescos y otros productos esenciales. “Hechos de esta naturaleza – agregó la Confederación – nos conmueven profundamente y nos obligan a reflexionar sobre la importancia de reforzar la seguridad y prevención en los entornos donde se desarrollan estas actividades”.
Lo ocurrido se presenta dos años y medio después del mega incendio que dejó 136 fallecidos y miles de familias damnificadas en barrios populares de Viña y Quilpué. Tampoco aquí ha habido mayor apuro por justicia para los hechores y casa nueva para quienes lo perdieron todo, grupos familiares de modestos recursos.
En esta sociedad de desigualdades y exclusiones, los pobres parecen ser los grandes destinatarios de los desastres, desgracias y calamidades que se producen con frecuencia. Ello, mientras no se trabaje por cambios estructurales y – más temprano que tarde – vengan días mejores para Chile y su gente.