- Hugo Alcayaga Brisso, periodista
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, está cumpliendo seis meses desde su secuestro y encarcelamiento en Nueva York por orden del jefe del imperio norteamericano: este medio año de cautiverio coincide con el profundo dolor que se vive en ese país por las innumerables víctimas a causa de los dos terremotos registrados recientemente.
Maduro y su esposa cayeron en poder del multimillonario perturbado mental Trump en horas de la madrugada del sábado 3 de enero pasado en medio de un enconado ataque militar estadounidense perpetrado en Caracas que dejó un centenar de muertos por los cuales nadie responde.
La violenta acometida tradujo el odio enfermizo de Trump hacia todo lo que signifique socialismo, sin importarle la democracia, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, lo que da a conocer con desenfado en todo el mundo.
Se trata de quien se cree un emperador planetario que aprovecha todo el poder económico y bélico de Estados Unidos para imponer su mezquino criterio en todas partes, sin medir el daño que ocasiona el empleo de la fuerza y los medios represivos.
Contra Maduro se han formulado distintos cargos, ninguno de los cuales se ha comprobado. Entre ellos conspiración para cometer terrorismo e importación de cocaína. El mes pasado el inculpado y su esposa Cilia escribieron en redes sociales que tienen una fe inquebrantable en la victoria de la verdad. Sin embargo, la verdad no se conocerá si Trump sigue de por medio transmitiendo odiosidades.
Solo ha trascendido que la próxima vista de la causa se aplazó ahora para el 11 de julio acentuando la complacencia de este supuesto emperador de ver a Maduro encarcelado. Ello agudiza el temor de que el presidente de ese país sudamericano no logre salir de su reclusión mientras su secuestrador se encuentre en la Casa Blanca.
En Chile nada se sabe en lo personal de quien es el sucesor del comandante Hugo Chávez, precursor del socialismo del siglo XXI. Este país castigado por la oligarquía que controla los medios y sometido a una absoluta desinformación, ignora todo lo referente al presidente Maduro: su salud, su estado anímico, su entereza para soportar este prolongado encierro en lugar de estar cumpliendo sus funciones presidenciales para lo cual fue elegido por el pueblo.
Esa incertidumbre es mayor en momentos en que Venezuela atraviesa por días dolorosos luego de los dos terremotos ocurridos el 24 de junio. Allí hubo un elevado número de miles de muertos, desaparecidos, heridos, gente sin hogar y edificios que se desplomaron. La presidenta encargada – por Estados Unidos – y su administración debilitada por la presión externa son insuficientes para afrontar la emergencia, y al propio Trump no le interesa el drama de la gente sin recursos.
Al jefe del imperio le tranquiliza la certeza de quedarse con el petróleo que produce Venezuela, y desde ya está apuntando contra Cuba. En la isla aumenta el desabastecimiento de alimentos, medicinas y petróleo, con graves repercusiones para la población y el turismo.
Por ahora Trump permanece empantanado por la guerra con Irán, antes de dar un próximo paso. No se descarta que se esté planificando una acción militar en La Habana similar a la que se perpetró en Caracas, con cualquier excusa, para capturar al presidente Diaz Canel y a Raúl Castro, para iniciar la demolición del régimen cubano.
Trump amenaza a diestra y siniestra a quienes no están dispuestos a seguirlo. Es considerado el enemigo público número 1 de la democracia, luego de sus anuncios descontrolados y haber dinamitado el orden en el planeta luego de la Segunda Guerra Mundial. Todas sus medidas son un portazo a un mundo más pacífico, inclusivo y sostenible.
Venezuela vive en estos días un desastre por partida doble: desde comienzos de 2026 está en manos del imperialismo yanqui y a mediados de año registra la citada catástrofe sísmica. En ambos casos la comunidad internacional lo lamenta profundamente – no hay más que hacer, por ahora – en tanto el pueblo y las autoridades cubanas permanecen en estado de alerta.