24 de mayo de 2026 22:56
  • Oscar Rodríguez Novoa, ex Consejero Regional V Región Valparaíso

 

Las elecciones del 16 de noviembre marcaron un punto de inflexión en la política chilena. Más allá de los resultados, lo que se evidenció fue el agotamiento de un relato oficialista que desde 2019 ha intentado refundar el país en bases emocionales y estatistas. El desempeño de Jeannette Jara, con apenas un 26,8%, refleja no sólo una derrota electoral sino una crisis de conexión con las demandas reales de la ciudadanía.

En contraste, la oposición en su conjunto superó el 70% de los votos configurando una mayoría sociológica que, si se articula con inteligencia, podría traducirse en una mayoría política. José Antonio Kast, con un 24% se posicionó en segundo lugar para pasar a la segunda vuelta del 14 de diciembre.

Votar no es un trámite: es una responsabilidad intransferible, respecto al proyecto de sociedad que queremos construir.

Hoy confrontamos 2 modelos:

El primero, liderado por Jeannette Jara, tiene una dolorosa carga genética: ser continuidad de un muy mal gobierno y representante del Partido Comunista. Jara es la cara de un oficialismo marcado por la incapacidad de gestión y de ejecución política. Un sector que, al menos en parte, validó la idea de presentar una acusación constitucional en contra de un Presidente democráticamente electo (Sebastián Piñera), justificó la violencia y relativizó la importancia de respetar las reglas del juego. A eso se suma su militancia desde los 14 años en el Partido Comunista. No se trata de un prejuicio abstracto. La historia reciente ofrece ejemplos de sobra. El legado de los regímenes comunistas en el mundo es un desastre: han generado pobreza, economías asfixiadas y cultura autoritaria.

Al frente, José Antonio Kast propone un modelo de sociedad basado en la libertad, el desarrollo y el crecimiento, que pone a las personas al centro y permite recuperar el dinamismo económico, la seguridad y mejorar la calidad de vida de las personas. Reivindica el orden institucional y la responsabilidad individual como pilares del crecimiento y desarrollo del país.

Este reordenamiento no es casual. La experiencia del gobierno actual ha demostrado los límites de la política performativa y del Estado como protagonista absoluto. La ciudadanía parece haber comprendido que gobernar exige competencia, sobriedad y respeto por la ley, no sólo convicción ideológica. Lo que está en juego en la segunda vuelta no es simplemente quién gobernará Chile, sino qué tipo de racionalidad política prevalecerá. En efecto: el desafío de José Antonio Kast con la unidad total de la derecha será construir una mayoría ética e intelectual que revalorice la libertad, el mérito y el Estado como garante, no como sustituto de la sociedad. La democracia exige disentir sin denigrar y criticar sin deshumanizar. Chile necesita líderes de opinión que tengan el coraje de sostener sus convicciones, no lectores de encuestas, oportunistas que bailan “al son de la marinda”, como se ha visto en esta campaña presidencial.

 

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