3 de junio de 2026 17:38
 
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

Aunque la generación ni-ni ha vuelto a hacer noticia, terrible otra vez, no hay quien se interese por su suerte: el propio presidente José Kast no se acordó de ella, no la mencionó ni tomó en cuenta en el discurso que viene de dar en el Congreso Nacional, pese a que constituye uno de los más graves problemas actuales porque su desatención puede ser el punto de partida hacia la ola delincuencial que agobia a la población.

El mandatario entregó su primera cuenta pública que demoró casi dos horas y media en que ignoró a la citada generación, como si no existiera, a pesar de que su tremendo volumen es de cientos de miles o quizás millones de niños, menores, adolescentes y jóvenes que van por la vida sin nada que hacer, con las manos en los bolsillos y pateando piedras como única tarea, sin que nadie nunca les haya ofrecido una oportunidad de nada.

Tampoco en el Parlamento hay políticos que hayan presentado algún proyecto de protección o inserción social – más allá del Sename – que permita sacarlos de su inercia o su inactividad, incluyendo programas deportivos o culturales que los sacuda del ocio del que no logran salir. Son una multitud que se encuentra en la mas absoluta soledad, sin que nadie se preocupe por ellos.

Vuelven las listas negras de la dictadura: a quienes esperaban oportunidades de igualdad e inclusión, se les responde con un proyecto que introduce un registro de vándalos. Los miles y miles de ni-ni, que ni estudian ni trabajan, pertenecen a familias pobres, en las cuales el jefe de hogar está cesante, o con ingresos mínimos que no llegan a fin de mes y con un alto de deudas que cada día van sumando. Además, la delincuencia y el trafico de drogas comienzan a acechar.

En la noche del jueves 21 de mayo pasado un grupo de desconocidos irrumpió sorpresivamente en un domicilio particular de la comuna de San Miguel, Región Metropolitana, armados y con intención de robo. El dueño de casa repelió el asalto a balazos y dio muerte a uno de los intrusos, que resultó ser un niño de 14 años lo que no le ha importado a nadie. Solo los medios lo han tratado de delincuente, que es lo más fácil.

Lo ocurrido mereció la atención de todos los medios de comunicación, ya que el afectado fue el abogado Iván Aróstica, que fue presidente del Tribunal Constitucional. En legítima defensa Aróstica hizo uso de un arma de fuego debidamente inscrita, aunque resultó herido durante el enfrentamiento al igual que su hijo que quedo en estado de gravedad.

La banda estaba formada por un total de siete antisociales menores de edad encabezada por un sujeto mayor. No se sabe que papel desempeñaba, que hacía ahí y en qué circunstancias participaba una niñita de once años que también fue detenida.

Los graves acontecimientos de San Miguel casi coincidieron con el día en que se efectuó la audiencia en que se dictó el veredicto condenatorio de cinco jóvenes acusados del asesinato del ciudadano francés Dimitri Weiler en su casa de Chicureo en el verano de 2025. El crimen se produjo a las 3:15 de la madrugada del 28 de febrero de ese año.

En esa oportunidad un grupo de muchachos ingresó al inmueble intimidando a la familia, golpeando a la esposa, maniatándola y encerrándola en el baño junto a sus dos hijos pequeños. Mientras gritaban “los vamos a matar, entreguen todo”, apuñalaron a Weiler y le quitaron la vida.

El fallo del Tribunal Oral en lo Penal de Colina condenó a estos adolescentes por su desprecio por la vida y su crueldad al actuar, según se indicó. Agregó que “fue un acuerdo de voluntades para ejecutar un plan criminal”. La victima murió en brazos de su esposa.

Aunque en la cuenta pública de Kast el tema más recurrente fue el crimen organizado (el que nació durante la dictadura) el presidente anunció una batería de sanciones contra quienes no entren en el “orden” neoliberal, como los overoles blancos y un registro de vándalos e incivilidades, con pérdida de beneficios sociales. Podía esperarse un conjunto de oportunidades de estudio y trabajo, y de proyecciones futuras, lo que no se produjo.

La generación ni-ni permanece marginada, despreciada e ignorada, sin asomos de solución que pudieran vislumbrarse. Ello equivale a anticipar con certeza que las cifras rojas de la delincuencia, los homicidios, las balaceras, los asaltos y el narcotráfico seguirán sumando día a día, de manera alarmante, dramática e inexorablemente, por tiempo indefinido.

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