19 de mayo de 2026 13:05
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

La severa emergencia nacional a causa de los devastadores incendios frontales y estructurales en la zona sur,  con la dolorosa pérdida  de vidas humanas, modestas viviendas  y puestos de trabajo constituye un mazazo para el país que decididamente  no alcanza a todos: en Viña del Mar siguen adelante los preparativos para la gala del Festival Internacional de la Canción.

Las cifras dadas a conocer señalan que hubo 21 víctimas fatales, sobre 20 mil damnificados y cerca de 2 mil casas destruidas por el implacable siniestro que ha costado largos días tratar de contener y de evitar su expansión, en medio de altas temperaturas y condiciones propicias para el fuego en las regiones de Ñuble, Bio Bio y La Araucanía.

Mientras hay muchas familias de luto por la muerte de sus seres queridos, todavía hay personas desaparecidas, puestos de acopio en todas partes para ir en ayuda  de los damnificados y se anuncia una reconstrucción que llevará un tiempo que no puede precisarse, hay quienes prefieren mirar hacia otro lado.

El propio Presidente de la República y su sucesor, el mandatario electo, han tenido un inédito gesto común para enfrentar la catástrofe y la reconstrucción. Se decretaron dos días de duelo nacional y en una declaración conjunta ambos se comprometieron a un camino rápido y eficiente para que los afectados  se pongan nuevamente de pie  en el menor tiempo posible.

Se trata  del incendio más agresivo de los últimos años en el país. Aunque el siniestro iniciado el 2 de febrero de 2024 en Viña del Mar tuvo más de 130 fallecidos, esta vez las llamas se extendieron por 3 regiones y se quemaron más de 30 mil hectáreas. Se calcula que los daños materiales superan los 50 millones de dólares.

Las muestras de solidaridad se están produciendo en estos días incluso desde el extranjero. De México llegaron 145 brigadistas expertos en este tipo de desastres y de diversos países ha comenzado a recibirse ayuda inmediata para las tantas familias que lo perdieron todo y ahora hacen cuanto pueden para partir otra vez de cero, iniciativa que debe ser apoyada  por todo Chile.

Sería impresentable que hubiera excepciones. La gala del Festival de Viña del Mar no es obviamente un espectáculo solidario, pero la ciudadanía estima que tiene la posibilidad de hacerlo a partir de esta vez. Lo que se necesita hoy prioritariamente es ayuda y solidaridad, y no vanidad ni ostentación sin sentido.

Tampoco ésta es una instancia artística, ni cultural ni de proyecciones. Por el contrario se le sindica como algo insustancial e innecesario, que solo sirve para acrecentar el ego de quienes caminan  por la alfombra roja para admiración de quienes están presenciando el desfile.

Por estos días hay programas televisivos de farándula que dan a conocer los nombres de quienes han recibido invitación y la han aceptado, de quienes están en duda para asistir y hasta revelan una lista negra confeccionada por el canal  que se dispone a hacer la transmisión. Los rostros confirmados  han gastado ya millones de pesos en los exclusivos vestidos que esperan lucir.

La gala viñamarina es reconocida como una feria de vanidades, de lujo y esplendor, de soberbia y suntuosidad que no es la realidad de Chile en estos momentos. Los lujosos trajes y zapatos, y las valiosas joyas que exhiben las participantes están muy lejos de la falta de recursos o derechamente de la pobreza en que se halla gran parte de la población.

En localidades sureñas hay quienes perdieron sus enseres y su ropa, quedaron de brazos cruzados, sin nada que ponerse. Como contraste en Viña rostros privilegiados por la TV se aprestan a echarse encima costosos vestidos, con finos y elegantes atuendos, zapatos de última moda y joyas que son un dispendio sin razón, únicamente para llamar la atención y sobresalir ante los demás en un inexplicable derroche.

Solo los compromisos comerciales del canal mercantil (Mega) que aprovecha la coyuntura festivalera para tratar de ganar sintonía, hace posible esta puesta en escena  que conlleva frivolidad, superficialidad e insignificancia. Este es el momento más inoportuno para la gala cuando aún hay focos de fuego que no se han controlado, todavía hay evacuación de sectores en peligro, muchos damnificados se encuentran en albergues y Chile llora a sus muertos.

El panorama por delante también es incierto: la temporada de incendios forestales durará hasta abril y las olas de calor seguirán presentes. Claramente este tiempo de penurias  no es el más propicio para hacer fiestas ni farándulas, no hay ánimo de divertimento y a estas alturas las mayorías evitan cualquier asomo de vanidad  o engreimiento.

Mientras persista la emergencia, haya focos de fuego incontrolables y mucho dolor en tantos hogares, la realización de la gala festivalera solo para satisfacer el ego dominante de algunos, innecesario y marcado por la frivolidad, sería otro agravio para el sufrido pueblo chileno.

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