19 de abril de 2026 22:05
  • Ambos políticos enfrentan momentos difíciles en que la parlamentaria se limitó a excusarse de responder

El ex consejero regional Percy Marín hizo llegar la siguiente declaración pública tras su separación de la electa senadora Camila Flores.

“Durante largos días he guardado silencio por recomendación de mis abogados, tiempo en el que he recibido numerosas muestras de preocupación por mi ausencia en actividades y redes sociales. Hoy puedo, por fin, ofrecer una respuesta sobre lo vivido en lo que han sido, sin duda, de los días más difíciles de mi vida. Decido romper este silencio, primero, para precisar inexactitudes de una entrevista donde mi esposa ventila en un medio de comunicación  local,  su conveniente versión respecto a nuestra actual situación.

Por lo mismo deseo relatar —con el máximo respeto y responsabilidad— lo que me ha estado ocurriendo.

Durante quince años, junto a mi esposa Camila Flores, fui parte de un equipo familiar, donde nos unía el amor, gustos comunes, la política y lo más importante ahora, nuestra hija.

En ese trayecto, postergué con gusto en múltiples ocasiones mis propios intereses para apoyar los de ella. No lo expreso buscando reconocimiento, pues fue una decisión consciente, fundada en nuestro proyecto familiar. Porque para nosotros la unidad de la familia siempre fue lo más importante. En efecto, lo más importante para nosotros en política siempre fue la defensa de la patria, los valores cristianos occidentales y la protección de la familia, siempre  al frente: Dios, Chile y la familia.

Creí en ella, la cuidé, la acompañé y trabajé para su crecimiento. Camila acá en la  región, era totalmente  desconocida, era solo la esposa del CORE Marín. En poco más de un año, antes de la celebración de las elecciones Presidenciales, Parlamentarias y Consejeros Regionales, en ese momento como estrategia cedí un espacio político propio para que ella compitiera como diputada, haciéndola parte de mi trabajo en la región como consejero regional y que con esfuerzo, creatividad, estrategia y su potencial, logramos crear un relato, un personaje que defendiera lo que nadie se atrevía a defender. Lo establecí como fórmula que la diferenciara del resto para tener una opción de éxito. El resultado: una trayectoria que tras dos periodos en la Cámara de Diputados la tiene hoy como senadora electa.

Sin embargo, tras mi derrota electoral como candidato a diputado —la primera en mi vida— mi matrimonio entró en una etapa de difícil descripción. Comenzaron los malos tratos, las frases hirientes, autoritarias por sobre mi rol de marido, humillaciones y una constante “entiende que ahora soy senadora”. Ella comenzó a priorizar compromisos sociales ajenos a su quehacer laboral, siendo habitual las fiestas, su llegada al hogar en horarios no acostumbrados, etc., no pasaba en la casa. Cualquier pregunta de mi parte, para saber al menos donde andaba o a qué hora llegaba era recibida con enojo, violencia y desprecio. En el trayecto de 15 años jamás actuó así conmigo, pero en fin, mientras ella desarrollaba su nueva cotidianeidad, en esta nueva etapa de su vida, yo permanecía en casa cuidando a nuestra hija, porque mi prioridad ha sido siempre proteger nuestro hogar y confiar en que Camila andaba en alguna de sus celebraciones.

No quiso que fuéramos a votar juntos en la segunda vuelta, fui invitado por el comando de José Antonio Kast para acompañarlos a los resultados y Camila me dijo que si yo iba, ¿quién cuidaría a la niña? Obviamente yo me quedé en casa cuidándola, entendiendo que ella es senadora electa y su presencia sería obviamente más importante que yo.

Desde el nacimiento de mi hija, he estado presente en cada etapa. Incluso en períodos en que su madre enfrentó problemas de salud, el cuidado diario recayó principalmente en mí.

Lo más desconcertante es que, incluso en medio de la hostilidad posterior a mi derrota, mi esposa siguió apoyándose en mí como siempre: consultándome cada paso, pidiéndome que ordenara ideas, ayudara a preparar respuestas, que revisara enfoques y textos, e incluso solicitándome ayuda para redactar mensajes para sus redes sociales. Paralelamente, me pedía apoyo en asuntos domésticos cotidianos, como si nada ocurriera.

Por ello, lo sucedido el 15 de diciembre de 2025 fue doblemente incomprensible, violento y cruel. Ese día, al regresar al domicilio y sin mediar provocación alguna, me ordenó salir inmediatamente del hogar familiar. Afirmó que no deseaba que siguiera con ella y que, de no irme en ese instante, llamaría a sus escoltas de Carabineros.

Le pedí explicaciones y le recordé que se trataba de un hogar que también es mío, y que una decisión de tal magnitud debía conversarse con seriedad, por el bien de nuestra hija. Para no avivar su desatada ira, me retiré a nuestra habitación. No obstante, en cuestión de minutos se desencadenó un procedimiento policial a eso de la una de la madrugada que me obligó a abandonar el domicilio con lo puesto, sin poder llevar siquiera ropa o efectos personales básicos.

Es profundamente lamentable constatar que, en este contexto familiar, se hayan utilizado apoyos y resguardos propios de un cargo público para fines ajenos al trabajo legislativo. Lo digo con prudencia y convicción: Chile no puede normalizar que una diferencia de poder incline la balanza en un conflicto doméstico, dejando a un padre fuera de su hogar y lejos de su hija de manera vejatoria, humillante y violenta.

Aquí yace una contradicción que me impacta por el nivel de contradicción Camila, en su rol público, ha respaldado recientemente iniciativas para sancionar las denuncias falsas en contextos familiares, señalando el daño que causan en la reputación, la vida laboral y, sobre todo, en el vínculo entre padres e hijos. Resulta paradójico y grave que hoy yo enfrente una denuncia insólita e increíble por “maltrato psicológico hacia ella” denuncia que es completamente falsa, que nadie cree y que es fácilmente contrastable con las reiteradas referencias públicas que ella misma hacía sobre mí en sus redes sociales calificándome como el mejor padre y el mejor marido.

Pero bastó esa denuncia, para que de manera inmediata terminara alejándome de mi hija. Ha habido una falta de coherencia y prudencia inaceptable, y un abuso de poder contra el que me encuentro luchando y exigiendo que se respete el debido proceso y que nuestra hija no sea usada como rehén de una acusación falsa.

Me ha presionado para que asuma la responsabilidad de actos que no cometí para obviamente salvar su acusación falsa a la cual por supuesto que no accedí, luego como requisito para retirar la acusación, incluso me exigió eliminar de mis redes sociales fotografías recientes con mi hija como condición adicional.

Lo más cruel de esta situación es haber sido separado de mi hija, más aún en estas fechas que son precisamente de unidad familiar. Desde su nacimiento, jamás me había separado de mi pequeña. He estado en cada rutina, cada cuidado, cada juego, cada paseo; en toda la cotidianidad que construye un vínculo real. Siempre me he ocupado personalmente de las Navidades, de sus regalos, y con mi bebé armamos el arbolito y el nacimiento. Hoy, por primera vez, atravesé esas fechas sin verla, sin poder darle mi abrazo de Año Nuevo. Los regalos comprados y elegidos por mí, obviamente fueron entregados por mi esposa sin ningún tipo siquiera de remordimiento.

Nadie con sentido común después de un término tan abrupto de una relación de 15 años al día siguiente de este horrendo episodio aparece celebrando en fiestas.

Tan falsa era la acusación que finalmente terminó desistiéndose, pero lamentablemente el daño ya está hecho.

No escribo esto para atacar ni para alimentar una polémica. Hablo porque, de seguir callado, se instalará una única versión y mi silencio podría interpretarse como una admisión de culpa o concordancia con su conveniente relato.

Quienes me conocen, saben que siempre he sido una persona respetuosa, que nunca he actuado con violencia y que no tengo historial de malos tratos hacia nadie.

Solo pido prudencia, respeto por el proceso y, por sobre todo, que se priorice y garantice el bienestar físico y emocional de una menor. Ya que el contacto con ambos padres es su derecho.

Agradezco de corazón a quienes me han escrito y apoyado. Yo al menos sigo creyendo en la institución del matrimonio, pero tristemente me tocó vivir la gravedad de hechos de deslealtad matrimonial imperdonables de los que a propósito de la ruptura, he tomado conocimiento y que lamentablemente se arrastran desde el mes de octubre y que no es mi deseo ventilar en esta declaración, pero que ya que no hacen posible la continuidad del matrimonio y no deja otra opción que la demanda de divorcio culposo. Hoy mi prioridad es una sola: el bienestar y el futuro de mi hija. Con la ayuda de Dios, lucharé por ella y por su derecho a no ser vulnerada y a mantener el vínculo con su padre.

Llevo más de 41 días sin ver a mi bebé, sin tener noticias suyas. De hecho, cuando fui expulsado de mi hogar, mi hija se encontraba enferma.

Hoy me encuentro iniciando acciones judiciales que tienen como objetivo y  prioridad el reencuentro con mi hija y garantizar su seguridad personal.

Agradeceré a los medios el debido respeto de esta delicada situación, y reitero que el motivo de esta declaración, hecha muy a grandes rasgos, es para evitar que se instale una sola versión cómo verdadera sin ningún contraste debido a ser ambos involucrados personajes públicos.

Percy Marín Vera”

REPLICA DE FLORES

En tanto la diputada y electa senadora Camila Flores respondió escuetamente diciendo: “lo señalado es falso y constituye una calumnia grave. Rechazo categóricamente cualquier insinuación en mi contra: la violencia a la que se alude es una situación en la que yo fui víctima. Este tema se abordará únicamente en las instancias que corresponden y, por el respeto de mi hija, no haré más declaraciones. La verdad se va a conocer”

 

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