- Era dueña de la verdulería “La Chacrita” de calle Habana
La comunidad de Recreo ha quedado sorprendida, al conocerse el repentino deceso de la comerciante Gladys Corrotea Canales quien dejó de existir en su hogar de calle París, a pocos metros de su local de venta de verduras, ubicado en calle Habana.
A esta activa emprendedora le sobreviven su esposo Luis Figueroa, su único hijo Rodrigo y la nieta Agustina.
Gladys Corrotea siempre fue una activa y esforzada comerciante que dio vida a su verdulería “La chacrita”, que abría permanentemente, siempre brindando una esmerada atención, ya que gustaba de las conversaciones con los vecinos mientras materializaba las ventas.
Salvo contadas ocasiones, su local estaba cerrado, ya que se trasladaba hasta la comuna de Catemu, para visitar en especial a su nieta –ya que allí viven sus padres-, de quien gozaba de sus travesuras y de sus ingeniosas respuestas que luego transmitía a sus familiares y vecinos cuando regresaba después de un par de días.
Gladys Corrotea, estaba al tanto del acontecer político y social y transmitía sus preocupaciones diversas, usando un particular ingenio.
Ocupó cargos en la junta de vecinos del sector y en las reuniones hacía presente su opinión y sobre todo su preocupación por mejorar las condiciones de iluminación, seguridad, limpieza y mantención de las calles y aceras del barrio.
La calle Habana ha sufrido desde hace varios años un paulatino deterioro producto del intenso tráfico vehicular, sobre todo de camiones cargados y del paso de los buses de la línea 504, reclamando por mejoras que nunca llegaron.
Hace un par de años, un camión que transportaba productos pesados al subir por calle Habana, repentinamente disminuyó la velocidad y el conductor al perder el control de la máquina, retrocedió, cruzó la pista contraria, se subió a la vereda y se estrelló contra el poste del tendido eléctrico y el local de Gladys Corrotea, quien milagrosamente se encontraba en esos instantes en el interior.
Quedó impresionada al ver que en la puerta de su local estaba este camión que destrozó la acera, quedando esparcidos los escombros y la tierra suelta, mientras el chofer daba explicaciones inentendibles producto de su nerviosismo y de los daños ocasionados.
A pesar de los reclamos de la propia afectada y de la constancia de Carabineros por los daños en la vereda, estos nunca fueron reparados por la Municipalidad de Viña del Mar, a quien se recurrió oportunamente y solo llegaron imponentes inspectores en sus tremendos vehículos los que se limitaron a tomar fotografías, consignar el hecho, pero las reparaciones nunca llegaron. En tanto, el poste de luz muestra hasta hoy la inclinación que dejó el accidente.
Hoy la calle en ese lugar, frente a la verdulería, está en mal estado desde hace unos veinte años. Hay un profundo desnivel que obliga a los vehículos a circular a velocidad reducida, ya que se golpean violentamente, aunque otros pasan a velocidades imprudentes sintiéndose a la distancia los roces que reciben las carrocerías.
La propia Gladys Corrotea se encargó periódicamente, usando pala y azadón, a reponer la estropeada vereda, colocar algunas plantas, emparejar el terreno, y últimamente construyó una casita para una de sus mascotas regalonas.
Ella participaba en el Club del Adulto Mayor “Almas Alegres”, donde ocupaba un cargo directivo, disfrutando de las reuniones sociales para celebrar distintos acontecimientos como asimismo de los bingos. Estos últimos tenían por finalidad reunir dinero para que el grupo disfrutara a fin de cada año, de un día de paseo en el interior de la región.
VECINA MÓNICA MORAGA
Una de las vecinas que ha sentido con gran dolor la partida de Gladys Corrotea es Mónica Moraga quien no ha logrado reponerse de la infausta noticia, expresando que “para mí, se ha ido una mujer maravillosa, culta, que siempre quería saber el porqué de las cosas. Voy a echar de menos mis visitas al negocio para conversar y conocer a vecinos que nunca nos habíamos hablado. Mis deseos es que ella se encuentre con mi madre Julia, ya que quería muchísimo a la Gladys y nos reemplazaba a mí y a mis hermanas en forma diaria. La aconsejaba, le enseñaba a cocinar, se enojaba con Gladys si no venía de inmediato a verla su casa. Siempre decía que la Gladys debe estar ganando mucha plata en su negocio y se puso orgullosa, pero al cuarto de hora estaban conversando como que no había ocurrido nada. Recuerdo que siempre mi amiga Gladys se acordaba de mi madre y de las anécdotas que contaban. Para mí ha sido una tremenda pérdida”.
VELATORIO
Los restos están siendo velados en su casa de calle París y mañana a las 13 horas se efectuará la misa por su eterna despedida en la Iglesia Los Capuchinos para después continuar con el cortejo hasta el Parque Los Pensamientos.