- Hugo Alcayaga Brisso, periodista
La interminable sucesión de errores, desaciertos, desatinos, tropiezos y tropezones de este gobierno en un semestre han dado paso a una situación inédita en el país: dos ex presidentes de la República de indiscutida popularidad han hablado fuerte y claro para pedirle al mandatario en ejercicio que desista de una medida que acaba de tomar.
Es primera vez que ocurre algo así en la historia de Chile, donde la vida transcurre plácidamente al cansado ritmo neoliberal, dependiendo de una Constitución que se hizo en dictadura, donde las necesidades sociales van sumando una tras otra y los dueños del dinero manejan todo a su regalado gusto porque para eso disponen de libertad.
En estas circunstancias la declaración emitida por los ex gobernantes Boric y Bachelet es muy oportuna porque le dicen a la administración Kast que reconsidere la permanencia de Chile en la iniciativa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, denominada Escudo de las Américas. Aparentemente su objetivo sería combatir el crimen organizado y la delincuencia transnacional.
El gobierno de la extrema derecha ha calificado esta declaración como “un ataque”. No obstante, el pueblo que es en definitiva el que paga las consecuencias de lo que dicen y hacen los políticos, sostiene que es “un llamado de alerta”.
Boric y Bachelet señalan que la cooperación internacional es indispensable para enfrentar amenazas transnacionales como el crimen organizado. Sin embargo, esa cooperación debe realizarse resguardando plenamente la autonomía de las decisiones de Chile y sin subordinar nuestra política exterior de seguridad o defensa a prioridades definidas por una potencia extranjera.
Los ex presidentes hablan en representación de las grandes mayorías que sustentaron sus respectivos gobiernos. Agregan que Chile debe fortalecer sus alianzas y relaciones con distintos países sin exclusiones impuestas desde afuera y preservando siempre su autonomía estratégica.
La citada potencia extranjera provoca recelos porque se trata del imperio yanqui cuya vocación invasiva es sufrida en todas partes. Más aún si esta ofensiva es encabezada por un matón como Trump, que se cree facultado para imponer su poderío bélico y económico incluso más allá del continente.
Está a la vista la sumisión a que se está forzando a Venezuela, con su presidente bajo secuestro en una cárcel de Nueva York, y lo que se teme pueda ocurrir en Cuba. Desde la captura de Nicolas Maduro en enero pasado la administración Trump ha redoblado sus presiones sobre Cuba imponiendo un bloqueo petrolero y agravando la crisis económica para obligar a cambios en la isla.
Con el Escudo de las Américas, Trump está alineando a su favor a más de una decena de países cuyos gobiernos han caído en una situación humillante. Se teme que con Kast en La Moneda, Chile también termine rindiendo pleitesía a las políticas de intromisión de la Casa Blanca, que tiene a los países latinoamericanos como su patio trasero.
La iniciativa yanqui se enmarca en la llamada Doctrina Donroe, orientada a reforzar la influencia de Estados Unidos en el hemisferio frente a China, Rusia e Irán. Tales esquemas tienden a subordinar a grandes regiones a prioridades de Washington. La soberanía chilena no se encuentra precisamente entre esas prioridades.
A Chile le costó miles de vidas e intensas luchas durante años poder recuperar su democracia junto a su dignidad y soberanía, como para volver a perder esos valores inestimables en una aventura sin destino. Esos valores hay que preservarlos, mantenerlos y protegerlos, aun soportando las iras del Tío Sam.
Por eso el llamado de alerta de Gabriel Boric y Michelle Bachelet ha sido muy a tiempo: “llamamos al gobierno del presidente Kast a reconsiderar la permanencia de Chile en el Escudo de las Américas y expresamos nuestra plena disposición a colaborar en la construcción de estrategias del Estado para enfrentar el crimen organizado transnacional”.
Al igual que los ex presidentes, el pueblo estima vital resguardar los principios, la soberanía y la autonomía que han caracterizado a la política exterior chilena desde el término de la dictadura.