1 de noviembre de 2026 12:59
  • Secretaria Regional Ministerial de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Macarena San Martín

Imaginen por un momento que un grupo de investigadoras en una universidad de nuestra región inventa un algo increíble: un fertilizante natural que permite cosechar manzanas o cerezas usando la mitad de agua, o un remedio basado en plantas locales que acelera la cicatrización.

Durante décadas, nuestro país vivió una realidad difícil de explicar: se calcula que más del 80% de las patentes e invenciones científicas creadas en las universidades chilenas terminaban en carpetas guardadas en un cajón, sin llegar jamás a convertirse en un producto real. Era exactamente como cocinar un pan delicioso o una torta familiar, pero dejarla encerrada en la cocina sin que nadie en la casa pudiera probarla.

Eso ha cambiado para siempre gracias a la reciente aprobación de la Ley de Transferencia Tecnológica y Conocimiento (Ley N° 21.838).

¿Qué significa esta ley en palabras sencillas? Significa que el Estado construyó un gran puente entre la ciencia y la vida cotidiana. A partir de ahora, nuestros científicos e investigadoras no solo tienen el permiso, sino todas las facilidades para salir de los laboratorios e independizarse o asociarse con pequeños agricultores, artesanos, pymes y emprendedores locales. De esta forma, las ideas brillantes nacidas en las aulas se transformarán en soluciones tangibles: herramientas que se pueden usar en el campo, productos que se venderán en los almacenes o tecnologías para cuidar la salud en nuestros hospitales regionales.

Durante esta semana visitamos el Centro CER (Centro de Investigación y Desarrollo Rosario), donde pudimos comprobar en terreno el impacto real que tiene la transferencia tecnológica en nuestras regiones. Allí observamos cómo los avances en ciencia aplicada, sensores de humedad y eficiencia hídrica dejan de ser teorías abstractas y se transforman en herramientas concretas para nuestros agricultores. Cuando el conocimiento sale del laboratorio y llega al campo, una pequeña parcela puede optimizar cada gota de agua, proteger sus cultivos de las sequías y asegurar el sustento de familias enteras. Es en experiencias como esta donde vemos que la tecnología no es un lujo lejano, sino una solución directa que cuida nuestra tierra y fortalece el trabajo diario de nuestra gente.

Por otra parte, esta ley entrega facultades a las universidades para crear y participar en empresas de base científico-tecnológicas (startups) destinadas a explotar patentes de sus investigaciones donde se debe asegurar la transparencia y evitar conflictos de interés, estas operaciones deberán publicarse semestralmente y cumplir con controles internos y externos.

Para nuestras regiones del Maule y O’Higgins, esta transformación es una noticia de esperanza y futuro. Nuestras provincias destacan en todo Chile por su fuerza agrícola, el trabajo de nuestra tierra, la belleza de nuestros valles y la pujanza de sus familias. Gracias a esta normativa, los jóvenes profesionales y talentos locales ya no tendrán que armar sus maletas para irse a la capital o al extranjero en busca de oportunidades. Podrán crear sus propias empresas de base científica aquí mismo, en su propia tierra, generando empleos de gran valor para sus vecinos y resolviendo problemas tan propios de nuestra zona como la falta de agua, el cambio climático o el manejo de plagas.

Además, la ley garantiza que las investigaciones financiadas con el esfuerzo y los impuestos de todos los chilenos estarán ordenadas en una gran biblioteca digital pública. Esto significa que cualquier municipio, junta de vecinos o grupo de agricultores podrá consultar y usar esa información de forma transparente para tomar mejores decisiones en favor de su comuna.

La ciencia no cumple su propósito si se queda encerrada bajo siete llaves o escrita en idiomas difíciles. La verdadera magia de la ciencia ocurre cuando un descubrimiento llega a la mesa de nuestros hogares, a los huertos de nuestros campos y a la calidad de vida de nuestros abuelos y nietos. Hoy damos un paso decisivo para que el talento que nace en el Maule y O’Higgins florezca, se quede en la región y mejore el día a día de toda nuestra comunidad.

 

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