- Humberto Palamara Iribarne, ingeniero naval, abogado, magíster en ciencia política PUC
La tradición cristiana nos enseña que la ingratitud consiste en la falta de reconocimiento y agradecimiento hacia Dios y hacia los demás y, como tal, es considerada un pecado, que conduce a la rebeldía y a la oscuridad espiritual. A su vez, nuestra tradición social la define como una falta de consideración y respeto hacia quienes han brindado su ayuda o han tenido gestos de bondad. No obstante, la connotación negativa que tiene este defecto, nuestro ordenamiento jurídico debería de elevar a la ingratitud al nivel de principio y de virtud, porque se opone a la corrupción y contribuye a evitar que las instituciones dejen de funcionar en la forma y para los fines que fueron concebidas.
Hice esta pequeña reflexión porque, el domingo 2 de agosto de 2026, a propósito de una noticia que fue publicada en el diario El Mercurio de Valparaíso, respecto a un ex militante de la Democracia Cristiana, que había sido sorprendido conduciendo en estado de ebriedad, en el sitio electrónico de los militantes DC de Viña del Mar, en mi condición de secretario DC, en Viña del Mar, publiqué una nota interpretativa de esa noticia, señalando, sucintamente, que esa persona había suspendido su militancia en mayo de 2025, y que el Tribunal Supremo de la DC lo expulsó, el 8 de julio de 2026, y dispuso su eliminación de los registros de militantes y adherentes; y, finalmente, hice un llamado a todos los camaradas de la comuna, a continuar trabajando por el bien del partido, «prescindiendo del ex camarada». Hice este llamado, que en definitiva era el propósito de la nota, porque, en el caso, lo resuelto por el Tribunal Supremo de la DC, no tan solo afectó al expulsado, sino porque lo más importante del fallo del Tribunal Supremo es que lo resuelto sea cumplido por todos los demás militantes, y porque, durante todo el tiempo de suspensión de su militancia, el camarada suspendido continuó, desde las sombras, liderando una facción de la DC comunal e influyendo en las decisiones partidarias de la DC de Viña del Mar, lo que evidentemente, se contradice con el interés y el afán del Tribunal Supremo de la DC, de evitar malas prácticas y de sanear el partido.
Consecuencia de esa nota interpretativa, la presidenta comunal me llamó, por teléfono, para insultarme, diciéndome que esa nota debió ser revisada antes por ella y que la borrara, porque yo debía de estar agradecido de ella, porque ella era la que había intercedido, ante don Gianni Rivera, para que yo fuera el candidato a secretario comunal, y que también debería de estar agradecido de don Gianni porque él había financiado la campaña de nuestra lista. Evidentemente, no accedí a borrar la nota, y ella, en su condición de administradora del grupo de WhatsApp, y sin mi consentimiento, arbitrariamente, borró la nota y me eliminó del grupo de WhatsApp.
Ciertamente, en Chile para acceder a un cargo, muchas veces no basta el cumplimiento de los requisitos que exige el desempeño en el cargo, porque también se debe contar con la recomendación, de una persona respetable y conocida, que acredite la idoneidad o/y la honorabilidad del postulante. El punto clave es que, y así lo acreditaba mi experiencia, hasta el 2 de agosto, ninguna de las personas que habían intercedido para que yo accediera a un cargo o empleo me había pedido nada a cambio, sino que me bastó un «sincero muchas gracias», al momento de recibir la carta de recomendación, porque la lealtad no es hacía la persona que hace el favor, sino al cargo al cual se accedió. Lo contrario es mafia, como ocurre en los casos del suspendido abogado Hermosilla.
Es probable que sea cierto de que la campaña de la lista, que compartimos con la presidenta comunal de la DC de Viña del Mar, haya sido financiada por don Gianni, tal como lo afirma la presidenta comunal, en circunstancias que su militancia estaba suspendida. También es probable que esa ayuda no haya sido entregada porque éramos mejores que los de la otra lista, sino para corrompernos y comprometernos. De hecho, don Gianni continuaba operando al interior de la DC, a través de la presidenta comunal de Viña del Mar, con la cual, desde que asumimos como mesa comunal, tenemos problemas, precisamente, porque nuestras decisiones comunales estaban sujetas al veto de don Gianni Rivera, quien tenía suspendida y después finiquitada su militancia, y es por eso que hice el llamado a prescindir de él, y porque en derecho público rige el principio de la ingratitud, porque no existe norma legal expresa que nos obligue agradecer a quienes nos han hecho favores.