- Hugo Alcayaga Brisso, periodista
El Frente Amplio viene de trazar un lúcido panorama de la realidad chilena en que se define como un partido socialista justamente lo que hace falta en este país demolido desde la dictadura por un modelo neoliberal estructurado para los ricos y que es injusto, arbitrario y carece de sentido social.
La colectividad celebró su primer Congreso Ideológico en que reafirmó la lucha contra la desigualdad como su principal eje político en este tiempo de temores e incertidumbres por el hecho de que la extrema derecha se encuentre instalada en La Moneda.
Al cabo de cuatro meses de debates y contando con la participación de más de 200 delegados se concluyó en la necesidad de impulsar un proyecto socialista – también feminista y ecologista – que se hace indispensable en momentos en que la derecha arremete en todo el continente.
La acometida derechista se ha producido en las elecciones presidenciales recientemente celebradas en dos países sudamericanos. Los sectores conservadores contrarios a los cambios triunfaron estrechamente en Perú y Colombia. En Chile el ex presidente Frei Ruiz-Tagle, que toda su vida fue democratacristiano, ahora aparece como embajador especial de un régimen pinochetista.
El FA es categórico en su Congreso Ideológico puso de manifiesto que se enfrenta el avance de la ultraderecha con un proyecto socialista que claramente pone a las mayorías en el centro, lo que solo se había observado en el gobierno popular que tuvo corta vida entre 1970 y 1973.
Según el reciente Congreso, las democracias en el mundo están bajo amenaza. La ultraderecha ha sabido instalar sus ideas apelando a las emociones y los miedos de las personas, mientras las fuerzas progresistas no han logrado responder con la misma efectividad.
Frente a estas circunstancias el Frente Amplio ha reafirmado su definición como socialista. Junto a ello reconoce que la desigualdad y la concentración de la riqueza son consecuencias de un modelo económico que pone a las ganancias empresariales por sobre las personas.
Desde el frenteamplismo asumen una nueva relación con la producción de la riqueza reconociendo que su base social incluye no solo a los trabajadores, sino también a la micro, mediana y pequeñas empresas, trabajadores por cuenta propia y cooperativas, a quienes el partido debe representar con autonomía frente al gran empresariado. A la vez se debe dialogar con otros sectores productivos para alcanzar acuerdos que mejoren la calidad de vida de las grandes mayorías.
En el citado Congreso, los participantes coincidieron con que Chile se encuentra en un momento difícil, en que hay quienes insisten en que las ideas del progresismo y la democracia retroceden. Pero hoy se ve a una dirigencia y una militancia dispuestas a dar la pelea, a no renunciar a los principios de la democracia y a la no explotación del pueblo.
El FA apuesta hoy por empujar las transformaciones que el país necesita. Es lo que Chile requiere frente a una agenda de retrocesos que plantea el actual gobierno, que hace numerosos recortes presupuestarios en el campo social y que en definitiva busca desmantelar el Estado.
Años atrás, en plena era de los gobiernos de la Concertación, cuando todo era un acomodo al modelo, sumaban las privatizaciones, se dejaban de lado los cambios y la alegría no llegaba, la revista Punto Final tituló en su portada: “A Chile le hace falta un Partido Socialista”.
Hoy el Frente Amplio está dando respuesta a esa necesidad vital de las clases populares, dispuestas a la lucha por una democracia plena que les permita salir del inmundo lodazal que viene de la dictadura y ha sido reafirmado por el actual gobierno.