9 de agosto de 2026 04:49
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

De manera categórica y con absoluta claridad el Frente Amplio ha salido a remarcar las diferencias con otro sector político con el que algunos lo confunden interesadamente como es el Socialismo Democrático (o ex Nueva Mayoría o  ex Concertación) en momentos en que el pueblo advierte la necesidad de contar con una sólida estructura opositora para enfrentar al gobierno de extrema derecha instalada en La Moneda.

Ello luego que el Ejecutivo lograra en el Congreso la aprobación de la ley de los superricos y del discurso en cadena nacional del presidente al presentar una “agenda de seguridad” en que no se acordó ni por casualidad de la creciente desigualdad socioeconómica que sufren millones de compatriotas pobres y menos pobres.

El frenteamplismo ha reafirmado sus planteamientos y sus prioridades al salir al paso del avance de la ultraderecha con un proyecto socialista que pone a las mayorías en el centro, junto con denunciar que la desigualdad y la concentración de la riqueza son consecuencias de un modelo económico que privilegia a las ganancias por sobre las personas.

En el documento final de su Primer Congreso Ideológico el Frente Amplio hace un contrapunto entre sí mismo y la centro Izquierda tradicional, categoría que engloba al PS y al PPD. Junto a ellos también estuvieron allí los democratacristianos y otros sectores menores que se encuentran en franca declinación.

“Los estados de bienestar clásico fueron construidos en condiciones históricas que ya no existen. Nuestro partido nació para impulsar cambios más profundos que los del centro Izquierda tradicional”, dice el FA. Lo que nació como Concertación se fue degradando a tal punto que pareció confundir democracia con demagogia, desarrollo con privatizaciones y expectativa con decadencia neoliberal, lo que fue el legado pinochetista.

El acomodo del concertacionismo, hoy Socialismo Democrático, a lo principal del pinochetismo, significó que el electorado abandonara a aquellos candidatos que solo eran más de lo mismo. Al cabo de cinco gobiernos conciliadores con el poder del dinero la centro Izquierda malogró la relevancia que en algún momento llegó a tener. Si hubiera sabido conducir a ese gran electorado Chile sería hoy una democracia plena.

Durante la prolongada era de la centro Izquierda la alegría anunciada no apareció nunca ni tampoco se concretaron las promesas de crecer con equidad. La Constitución militar y el modelo socioeconómico pinochetista se mantuvieron invariables, y lo que sí aumentó fue el proceso de privatizaciones de empresas y servicios iniciado en el transcurso de los 17 años de tiranía. Las privatizaciones se completaron en los primeros gobiernos civiles que asumieron tras la época del terrorismo de Estado.

La Concertación desapareció cuando la ciudadanía se dio cuenta que Chile estaba siendo vendido a pedazos, para regocijo del mundo empresarial avalado por la oligarquía. Sería imposible que ese sector tratará hoy de volver al primer plano nacional, a costa del sacrificio de las mayorías.

El Frente Amplio, junto a otros partidos y movimientos independientes de Izquierda, surge hoy como alternativa al sistema antipopular que se aplica en Chile. En un plazo mediato hay que cambiar la Constitución vigente desde 1980 bajo terrorismo de Estado y sustituir el modelo neoliberal por un régimen social de desarrollo justo e igualitario.

Actualmente el socialismo permanece en Chile extraviado o estancado y no muestra avances de ningún tipo. El PS lo terminó con su “renovación” en medio de la dictadura, y hasta ahora no sale de sus políticas acomodaticias y conciliadoras con los dueños del dinero, y lejanía con los pobres y los desposeídos a quienes dejó de lado hace mucho tiempo.

Para la limpia vocación frenteamplista que no es cambiante ni variable, el camino es claro: “la superación del capitalismo es una idea conectada con nuestra identidad y horizonte estratégico. El poder político institucional coexiste con los poderes económicos y comunicacionales ejercidos por actores como el gran empresariado y los medios de comunicación”.

En estos días es indispensable volver a poner sobre la mesa los grandes temas nacionales que algunos quisieran pasar por alto: la desigualdad socioeconómica, la exclusión, la discriminación y la falta de oportunidades, antivalores que martirizan a las clases populares que han recibido con entusiasmo y optimismo las rotundas definiciones democráticas del Frente Amplio.

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