9 de octubre de 2026 02:20
  • Marco A. Fuentes Ih. Investigador histórico

Es uno de esos trabajos tradicionales que prácticamente han desaparecido de los barrios chilenos.

Durante buena parte del siglo XX, el zapatero era una figura habitual: trabajaba en un pequeño local o incluso en un rincón de su propia casa y se dedicaba a reparar, mantener y alargar la vida de los zapatos.

Era un verdadero artesano y podía:

* Cambiar suelas de cuero o goma.

* Colocar tacones nuevos.

* Reforzar las puntas y talones.

* Coser zapatos que se habían abierto.

* Cambiar cordones, hebillas y cierres.

* Reparar zapatos escolares y botas.

* Estirar o ensanchar calzado que apretaba.

* Colocar plantillas y medias suelas.

* Teñir o lustrar determinados tipos de cuero.

* Fabricar algunas piezas del calzado artesanalmente.

En los años 1950, 1960 y 1970 era muy común que una familia mandara a reparar los zapatos varias veces antes de comprar un par nuevo.

Una herramienta característica era la horma, sobre la que se colocaba el zapato para poder trabajar sobre él.

En Chile, especialmente en los barrios populares y localidades pequeñas, el zapatero tenía una relación muy cercana con sus clientes. Era habitual escuchar:

“Donde el zapatero de la esquina”

Los niños llevaban sus zapatos escolares, los trabajadores sus zapatos de vestir y los campesinos sus botas. Muchas veces el zapatero conocía a varias generaciones de una misma familia.

En localidades como Molina o San Javier, donde antiguamente existía una vida de barrio mucho más marcada, este tipo de oficio formaba parte del comercio cotidiano: junto al almacén, la panadería, la peluquería, la botillería y otros pequeños negocios.

«Zapatero, arregla los zapatos

Zapatero, remendón

Zapatero, remendón

Arréglame los zapatos ya».

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