16 de febrero de 2026 23:20
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

La ayuda humanitaria dispuesta por el gobierno de Chile hacia Cuba castigada por Donald Trump es una retribución del admirable gesto solidario de la Habana al enviar un completo equipo médico para atender a las numerosas víctimas del terremoto ocurrido en este país hace justamente 16 años.

Pese a las manifestaciones de rabia e histerismo de los incondicionales del imperio yanqui, ha sido ratificada esta medida en favor del pueblo cubano, el que encabezado por Fidel Castro protagonizó la mayor revolución socialista del continente americano en el siglo pasado.

En tanto, la comunidad internacional se pregunta hasta cuándo habrá que soportar los desvaríos y atrocidades que salen de la cabeza trastornada de Trump, que, tras el secuestro del presidente de Venezuela, Nicolas Maduro, las ha emprendido contra Cuba ordenando un criminal bloqueo petrolero en su contra.

El jefe del imperio yanqui insiste en hacerse notar todos los días por sus desaciertos, pretende imponer en todas partes sus políticas intervencionistas y desprecia la soberanía de los pueblos, a los que somete sin tener en cuenta sus realidades.

Trump se jacta de desconocer el derecho internacional y las democracias populares, todo ello para satisfacer sus oscuros intereses entre los que se cuentan sus afanes de rapiña para apoderarse de las riquezas naturales de otros países.

Lo hace porque sabe que el poder bélico y económico de Estados Unidos no tiene competencia en el continente, que – hasta ahora – debe bajar la cabeza y aceptar con sumisión sus dictados que causan estupor a nivel mundial.

El presidente estadounidense es único por sus groseros desatinos: se trata de un tipo insano, trastornado, con serios problemas mentales cuyas decisiones antojadizas pueden ocasionar graves conflictos en cualquier momento. No reacciona la ONU y menos la OEA, que se encuentran bajo control de la Casa Blanca.

El Gran Emperador Planetario ha reiterado su odio contra cualquier gobierno que haya dado a conocer una ideología socialista basada en valores democráticos, justos y populares. Por eso, sin justificación, embate con furia contra el régimen de Cuba y su pueblo, vencedor de mil batallas.

A comienzos de enero, luego del ataque militar en Caracas, en Chile el presidente Boric lo había advertido: “hoy es Venezuela, pero mañana puede ser cualquier otro”. Es lo que ha ocurrido ahora, sin argumentos ni justificación alguna. Solo está el odio recalcitrante contra un régimen socialista, que es lo que en definitiva irrita y descompone al gran capital norteamericano que defiende Trump.

La isla atraviesa por una severa crisis de abastecimiento luego del bloqueo total de Estados Unidos al petróleo venezolano. Desde diversos países ha comenzado una cruzada solidaria en favor del pueblo cubano, que puede llegar a verse afectado por serias consecuencias en su vida diaria, en su alimentación y bienestar general.

Como podía esperarse entre esos países solidarios se encuentra Chile, que en respuesta a los clamores populares ha decidido enviar esta ayuda en momentos que son necesarios. Se trata de una medida audaz, porque el gobierno chileno se expone a represalias por parte del imperialismo norteamericano.

Las primeras naciones que han dado el ejemplo son México y Brasil, cuya fortaleza les hace sobreponerse a cualquier medida en su contra. México dos buques con productos de primera necesidad y anuncia que continuará con sus aportes hasta completar al menos unas 800 toneladas.

Chile ha señalado que “estamos decididos a prestar ayuda humanitaria al pueblo cubano. Queremos hacerlo por la vía en que siempre se ha trabajado la Cancillería a través de un fondo especial”. La ayuda se ha dispuesto a través del “Fondo Chile Contra el Hambre y la Pobreza”, canalizado por un programa especial de Naciones Unidas.

La iniciativa chilena permitirá devolver la mano a Cuba, cuyo gobierno envió un eficiente equipo de médicos y enfermeras para ayudar a las víctimas del terremoto del 27 de febrero de 2010. Se recuerda con reconocimiento que el oportuno aporte cubano en esa oportunidad permitió salvar la vida de numerosas personas heridas.

El bloqueo petrolero ha provocado un devastador impacto en el país caribeño que afecta a los hospitales, servicios públicos y la distribución de alimentos. A raíz de ello la ONU ha calificado las medidas de Washington como una violación de los derechos humanos del pueblo cubano.

La solidaridad y la ayuda se imponen en estos momentos en favor de la isla caribeña, afectada por el solo hecho de no rendir pleitesía – como otros – a Trump. Urge la unidad de la comunidad internacional democrática para terminar de una vez con las bravuconadas y perversiones del jefe del imperio yanqui.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *