20 de abril de 2026 01:20
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha cumplido un mes secuestrado y encarcelado por el imperio yanqui en Nueva York; No está en su lugar habitual ni toma las decisiones correspondientes a su cargo, pero los pueblos del mundo no lo olvidan, lo tienen presente y exigen su libertad inmediata.

Maduro fue víctima de un inusitado ataque militar norteamericano en horas de la madrugada del sábado 3 de enero pasado en que participaron no menos de 150 aeronaves que entraron a Caracas a sangre y fuego, porque mantiene su independencia y nunca se ha alineado tras las bravuconadas y violentos arranques autoritarios que salen de la Casa Blanca.

El Gran Emperador Planetario que hace y deshace a su amaño de acuerdo a su esquizofrenia, el que toma decisiones a su regalado gusto y que busca quedarse con los recursos y riquezas naturales de otros países, no ha encontrado hasta ahora quienes salgan a afrontarlo en razón del enorme poder bélico y económico de Estados Unidos.

Trump se ufana de ignorar el derecho internacional, desconoce la democracia y reniega de la soberanía de los pueblos, sabe que ese inmenso poder le hace sobreponerse a las resoluciones de la ONU, la OEA o cualquier otro organismo internacional que vele por el bienestar de la población mundial y le satisface que en todas partes todos acaten sus dictados.

Con el pretexto del combate al narcotráfico ordenó la violenta operación militar en Caracas en que no solo tomó como rehenes al presidente Maduro y a su esposa, sino que anunció una nueva “administración” a su cargo en Venezuela y colocó a una presidenta interina facultada para gobernar siempre y cuando cumpla sus instrucciones.

En una reciente entrevista Trump señaló que en la operación en Caracas las fuerzas del Pentágono emplearon un nuevo tipo de arma denominado descombobulador que hizo que el equipamiento defensivo caraqueño dejara de funcionar. “Pero no tengo permitido hablar de esto”, dijo.

Con o sin descombobulador el jefe del imperio yanqui no ha logrado uno de sus grandes objetivos, más allá de quedarse con el petróleo que ambiciona. Ese objetivo es destruir la alianza pueblo – ejército, pilar de la revolución bolivariana que irrita al gran capital. Se trata de uno de los aportes más relevantes del fallecido presidente Hugo Chávez a la historia política latinoamericana.

El nuevo dispositivo no le permite a Trump aniquilar la revolución chavista, de ideología socialista del siglo XXI. Esta constituye el corazón de la revolución y su desintegración, ya sea por golpe de estado o inversión extranjera, terminaría con las esperanzas del pueblo venezolano identificado con la fuerza armada de su país.

Claramente el régimen de Chávez, prolongado por Maduro, ha estado y permanece bajo permanente asedio por la llegada por segunda vez del Gran Emperador a la Casa Blanca. El cerco de mentiras y el falseamiento de los hechos determinaron que el primer sábado de este año se actuara con inédita agresividad contra una “dictadura” en que hay políticos y partidos de todas las tendencias, en que se mantienen diarios y medios de comunicación de todos los colores y donde se convoca a elecciones con frecuencia.

Pareciera, sin embargo que este cerco y este falseamiento alentados por el imperio yanqui y su séquito de gobiernos serviles y temerosos del poderío norteamericano no disminuye. Por eso está en pie la acusación de un gobierno legítimo de violentar el orden democrático y afectar los derechos humanos por el hecho de responder, en el marco de la ley, los continuos intentos por derrocarlo.

Ello significa a la vez negar las conquistas sociales del pueblo durante la revolución bolivariana e ignorar la guerra económica de la oligarquía y poderosos grupos económicos, utilizando con descaro a medios de comunicación nacionales y extranjeros. Organizando a la vez una alianza internacional de mandatarios y ex mandatarios convertidos en voceros de las vilezas que son dirigidas desde Washington por el controlador del mundo.

Trump ha puesto en marcha esta conjura, amenazando y anunciando castigo para quienes no se le sumen. Sin reparar en los derechos de los demás, insiste en sus políticas intervencionistas y reitera desvergonzadamente que “tendremos todo lo que queremos”

Quizás con tanta preocupación intervencionismo el dueño del garrote no asume aun que tiene que responder ante la justicia internacional por no menos de 200 crímenes que ordenó cometer. Fueron bombardeadas lanchas y barcazas de supuestos “narcoterroristas” en el Caribe y el Pacífico, con más de un centenar de víctimas. Otras 100 personas aproximadamente perecieron abatidas por la feroz incursión militar en Caracas para secuestrar a Maduro, como parte del proyecto imperial que hoy aterra al mundo.

En tanto en todas partes las palabras hacia Trump no son precisamente de afecto o adhesión. El ex presidente del gobierno español, Felipe González, ha señalado que “el mandatario estadounidense se encuentra definitivamente loco”.

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