6 de junio de 2026 19:49
  • Christian Lucero, abogado

Las críticas que apuntan a que “debió ser un ingeniero” parecen olvidar algo esencial: el gran fracaso histórico en Quintero, Puchuncaví y Concón no ha sido únicamente técnico. Ha sido humano, institucional y territorial.

Después de décadas de conflictos ambientales, intoxicaciones, desconfianza y fractura entre comunidades, empresas y Estado, el desafío principal ya no consiste solamente en medir emisiones o interpretar datos industriales. El verdadero desafío es reconstruir confianza social en un territorio profundamente herido.

Y precisamente ahí es donde el nombramiento de Mauricio Pérez puede transformarse en una señal correcta.

Mauricio Pérez no llega como un técnico encerrado en una oficina. Llega como un profesional del trabajo territorial, con experiencia directa en comunidades, gestión pública y articulación social. Su formación como asistente social y magíster en territorio no es una debilidad: es probablemente una de las herramientas más necesarias para un cargo cuya esencia consiste en escuchar, mediar, coordinar y reconstruir vínculos.

El propio comunicado oficial lo explica con claridad: las comunidades pidieron un profesional “con habilidades blandas”, con presencia en terreno y capacidad de generar confianza.  Eso no es un detalle menor. Es reconocer que la crisis socioambiental también es una crisis de abandono, incomunicación y desgaste humano.

En zonas como Quintero y Puchuncaví, muchas veces el problema no ha sido la ausencia de expertos, sino la ausencia de puentes. Han existido informes, mediciones, fiscalizaciones y mesas técnicas durante años. Lo que ha faltado es alguien capaz de conectar instituciones con personas reales; alguien que pueda sentarse con pescadores, dirigentes vecinales, municipios, servicios públicos y empresas sin convertir cada conversación en una guerra.

Y esa capacidad no siempre la entrega una ingeniería.

De hecho, el cargo no reemplaza el soporte técnico. El propio diseño institucional contempla que el coordinador será apoyado y orientado técnicamente por las seremías de Medio Ambiente y Salud.  Por tanto, el rol principal no es calcular emisiones ni diseñar chimeneas industriales: es coordinar territorialmente, articular actores, impulsar soluciones y mantener presencia permanente en la zona.

Ahí la experiencia política y comunitaria de Mauricio Pérez sí resulta especialmente relevante. Fue consejero regional precisamente de ese territorio, conoce a sus dirigentes, sus conflictos, sus dolores y también sus códigos humanos. Eso no se aprende en un laboratorio ni en una planilla Excel.

Además, el hecho de que trabajará físicamente en el territorio, con oficinas en Quintero y Puchuncaví, marca una diferencia importante respecto de modelos anteriores demasiado centralizados o burocráticos.  La presencia territorial permanente puede ser mucho más valiosa que cualquier expertise técnica aislada de la realidad cotidiana.

En tiempos donde muchas veces la política se aleja de las personas, nombrar a alguien con sensibilidad social, experiencia comunitaria y conocimiento territorial puede ser una decisión más inteligente de lo que algunos creen.

Porque las zonas de sacrificio no se recuperan solamente con instrumentos técnicos. También se recuperan con diálogo, legitimidad, cercanía y humanidad.

 

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