28 de mayo de 2026 17:15
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

En lo sucesivo  quienes tengan que internarse en hospitales públicos deberán llevar desde sus casas sus propias sábanas de cama, ya que en tales establecimientos no se dispondrá de dinero para su compra o suministro en razón de los recortes presupuestarios dispuestos por este gobierno.

La administración del presidente Kast y del ministro de Hacienda Quiroz pretende ahorrar millones de dólares al aplicar los citados recortes en los distintos ministerios – un 3% en cada caso – para compensar la falta de fondos que se atribuye con liviandad al gobierno anterior.

Lo que ocurrirá con las sábanas es mínimo en relación al elevado número de adversidades que espera a los chilenos sin recursos afectados por las políticas pro empresariales que está desplegando La Moneda, hoy vestida momentáneamente con ropajes de ultraderecha porque todas las restricciones apuntan a rebajar el gasto social.

La denuncia fue formulada por dirigentes sindicales de la salud en una de las manifestaciones callejeras que se están registrando ante el Congreso Nacional, en Valparaíso. En ellas participan trabajadores, pobladores y estudiantes que protestan por el evidente deterioro en que están quedando las mayoritarias clases populares.

Con poco más de dos meses queda claro que el actual régimen de extrema derecha está en la senda pinochetista. Los beneficios de todo orden están dirigidos solo a sus amigos, cercanos, la oligarquía y quienes fomentan la concentración económica que es sinónimo de desigualdad, exclusión y mezquindad. Para el pueblo solo queda la marginación y la falta de oportunidades, sin derechos y sin participación alguna.

Los hospitales públicos no disponen en Chile de gran prestigio principalmente debido a los escasos presupuestos con que cuentan, que a veces no alcanzan para lo básico. Sí su personal se esfuerza a diario para entregar a los pacientes una atención adecuada, y lo referente a las sábanas cabe solo  en las mentes neoliberales y constituye otra vergüenza nacional. La salud de los pobres y menos pobres es la principal damnificada.

Una tras otra las vergüenzas van saliendo a la luz en las manifestaciones ante el Congreso. La gente afectada en sus derechos lo dice con convicción en los carteles y lienzos que se despliegan: no más alzas, salarios justos, trabajo, igualdad, dignidad, todo lo cual no tiene respuesta hasta ahora.

Al interior de la sede parlamentaria los políticos pinochetistas y los oportunistas de siempre celebran que la mega reforma gubernamental haya pasado de la Cámara al Senado. La iniciativa tiene por objetivo financiar la rebaja impositiva para grandes empresas, para lo cual se requiere de los millonarios recortes a la salud, educación, vivienda y transportes afectando a una gran mayoría ciudadana.

Desde la CUT se ha señalado que estamos frente a la peor reforma de los últimos 30 años. Este es un retroceso profundo en que se está regalando el país a las 1.500 personas más ricas de Chile y por otro lado a través de decretos se está debilitando y desmantelando la capacidad estatal para entregar servicios en carteras vitales como son la salud y la educación.

Es alarmante lo que viene para los pacientes de hospitales públicos en cuanto a los equipos médicos a su cargo: no va a haber más reemplazos y si un profesional se enferma, el resto del equipo va a tener que hacerse cargo de las atenciones y en esa forma no se va a poder atender a toda la gente. En cuanto a insumos y servicios, no se va a permitir a los hospitales contratar servicios externos.

La gran mayoría de los establecimientos hospitalarios del sector público se encuentran fuertemente endeudados y ahora les llega este inesperado recorte que agudizará su situación. Seguirá la atención de personas en los pasillos, en la urgencia, con horas de espera y un perjuicio directo a la ciudadanía.

El pueblo advierte que aquí no se está construyendo o reconstruyendo nada. Sin metáforas sólo se está reduciendo el rol del Estado en favor de un pequeño grupo de ricachones, de los económicamente poderosos y de los grandes empresarios, los únicos beneficiados.

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