26 de mayo de 2026 19:14
  • Juan Carlos Rojas Olguín, comunicador social

Cuando el pasado 21 de mayo el país conmemoraba la gesta heroica de Iquique y los abogados celebraban su día, la estrella más brillante de la radiodifusión regional apagaba su esplendorosa magnitud y seductora luminosidad tras el peso de 92 años.

La voz del insigne locutor de la Quinta Región, Luis Caprile Vidal, padre del popular Leo Caprile, quedará como impronta indeleble tanto entre quienes seguimos su profesión como aquellos auditores que lo escuchaban diariamente.

Las notables cualidades profesionales de este magnífico locutor, tocaron la perfección, aunque parezca exagerado afirmarlo.

Si bien Luis Caprile fue un referente para numerosos aspirantes a la locución, por la cual ilusionados jóvenes intentaron moldear su técnica, seguir su estilo fue complejo, dado que sus notables e invariables capacidades profesionales que se distinguían por el máximo nivel posible de excelencia, carente de errores en lectura, el uso correcto del lenguaje, donde sus mensajes se recibían con plena comprensión, su patrón repetitivo y ordenado de sonidos en sus admirables cuerdas vocales, su velocísimo y hábil ritmo, componían virtudes de muy alto nivel.

La coherencia y fluidez vocal del ”Tano” Caprile lucía como música de la buena, primando en la tesitura su elocuencia y cultura, su viveza y rapidez mental que proyectaban energía positiva, todo enfundado naturalmente en diversas emociones que culminaban compendiadas en su lado más cómico, absurdo, satírico o ridículo.

Cada uno de sus armoniosos parlamentos de animación estaba dotado de un humorismo oportuno en el que la realidad se perfilaba en su más lúcido y grato perfil.

A comienzos de la década del 70 tuve el privilegio de compartir micrófono con él en Radio Portales. Los boletines informativos de la época eran leídos por dos locutores, textos que eran entregados al instante por los periodistas (no existía Internet).Sus recordadas expresiones de terreno pantanoso, para referirse a la redacción borrosa y ambigua de ciertos reporteros novatos, y de firme y seguro, compañero, animando a su par de lectura para que corrigiera sobre la marcha, son inolvidables. Como así también los divertidos apodos con los cuales bautizaba a todos los personajes radiales. El “pestañita” o el “patas crespas“ eran algunos de los numerosos apelativos que calzaban a la medida con el funcionario en cuestión. Los programas A todo ritmo y Portaleando no pasaron inadvertidos en Valparaíso, como tampoco el concurso que realizaba los domingos en la mañana en Radio Portales, dotado de gran audiencia que esperaba conseguir el codiciado premio de empanadas conocida como la docena del fraile (doce unidades y una adicional).

Su informativo, alegre y motivador programa madrugador en Radio Festival, Los Responsables, recibió el beneplácito de cientos de auditores porteños y viñamarinos (en un mal día, cuando Luis se dirigía a su turno, fue asaltado en plena calle Valparaíso, quedando malherido). El chacotero programa El Festivalazo realzó su humorismo con la inquebrantable voz del “Tano” Caprile, quien tenía la enorme capacidad de expresar risibles situaciones manteniendo una seriedad paradójica.

En su paso por la desaparecida Radio Minería, durante los años 60, estuvo también en el escenario del Festival de la Canción de Viña del Mar.

Con el precedente y genes de este magnífico locutor papá, no es extraño que Leo Caprile haya realizado una brillante carrera desempeñando la profesión de su progenitor, a pesar de que éste no estaba de acuerdo con la incipiente actividad laboral de su hijo.

Preservar la perennidad de la cultura, elevar la amenidad en un esquema intelectual sin pretensiones rebuscadas, enmendar el respeto por el impasible micrófono ante una audiencia pasiva e invisible, flexibilizar el pragmatismo sistemático que propician algunos erráticos de las comunicaciones, son solo algunas de las premisas indispensables para la toma de decisiones que nos deja este locutor de lujo.

La importancia de la radio en evitar el desorden en esta época tan diferente que puede conducirnos a comportamientos colectivos pavorosos, necesita con urgencia profesionales del calibre del imperecedero Luis “Tano” Caprile.

La Radiodifusión está de duelo; pero es un duelo genuino.

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