9 de marzo de 2026 12:20
  • Susana Pinto Alcayaga, relacionadora pública

 Nacido en Casablanca el 5 de marzo de 1905, Alejandro Galaz Jiménez fue una de esas almas luminosas que dejan huella profunda en la tierra que los vio nacer.

Cursó sus primeros años en la escuela parroquial de nuestra comuna y luego continuó sus estudios en Valparaíso, en el Seminario San Rafael y con los Padres Franceses, donde ya comenzaba a evidenciarse su extraordinario talento literario, obteniendo diversos premios y reconocimientos.

Desde muy joven abrazó el periodismo, escribiendo crónicas en los diarios La Estrella y El Mercurio de Valparaíso, espacios donde desplegó su sensibilidad y su aguda mirada sobre la vida cotidiana.

En vida publicó un solo libro, Molino (1935), obra que ya anunciaba la profundidad de su voz poética.

Posteriormente, en 1958, la Ilustre Municipalidad de Valparaíso publicó de manera póstuma gran parte de su producción literaria bajo el título “Sonidos de Flautas en el Alba”, permitiendo que nuevas generaciones conocieran la riqueza de su obra.

Durante aquellos años se sumergió en la bohemia porteña y santiaguina, nutriéndose del ambiente cultural de la época.

Su poesía, sencilla en apariencia, está cargada de una belleza lírica profunda, de imágenes delicadas y de una humanidad conmovedora.

A Casablanca la inmortalizó con versos que siguen estremeciendo por su fuerza y simbolismo:

Esta aldea tan vieja

Es un barco velero

que una recia tormenta arrojó a la llanura.

Hay en todas las cosas un dolor marinero

Y en las almas labriegas

Una sed de aventuras.

En sus recuerdos de infancia también dejó plasmada una ternura infinita:

Trompo de siete colores sobre el patio de la escuela

Donde la tarde esparcía sonrisas de madreselva

Donde crecían alegres cogollos de hierbabuena

Trompo de siete colores, mi corazón te recuerda.

Estos fragmentos revelan un talento superior y una sensibilidad lírica llena de humanidad, capaz de transformar escenas simples en eternidad poética.

Lamentablemente, Alejandro Galaz falleció prematuramente el 8 de marzo de 1938, a la temprana edad de 33 años. Su partida fue temprana, pero su legado permanece vivo.

Casablanca recuerda cada año su natalicio con una emotiva ceremonia, reafirmando que su talento, su profundidad y su amor por esta tierra siguen siendo motivo de orgullo para nuestra comunidad.

Porque hay vidas breves… pero eternas en la memoria de su pueblo.

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