- Misa se efectuó en el jardín de la casa de Humilde Galdames, lugar donde murió su padre aquella fatídica madrugada del 27 de febrero
Con mucho recogimiento, emoción y recuerdos que son imborrables, se realizó una misa en memoria de las siete personas que fallecieron en la localidad de Itahue, Molina, a raíz del terremoto del año 2010, que azotó con especial fuerza a esta zona.
La ceremonia se realizó en el jardín de la casa de Humilde Galdames, sector de Puente Alto, ya que ella sufrió la pérdida de su papá Francisco Galdames. La casa de su padre estaba en la parte posterior de la actual vivienda, la que era de adobe y gruesas tejas, la que se derrumbó y aplastó al jefe de hogar, mientras Humilde, vivía en ese momento en el sector de Itahue.
Esta noche tras el violento sismo de las 3.34 horas, se alzó una gran polvareda que cubrió el territorio, la que era visible a gran distancia, ya que estaba presente la luna en su esplendor y permitió que los vecinos salieran a las calles y callejones para saber de sus familiares y amigos. Aunque la noche estaba iluminada los pobladores salieron con linternas y palas y otras herramientas como palas para consultar por sus familiares y amigos, ya que se temía lo peor. La desazón fue tremenda y desoladora. El terremoto echó abajo montones de casas de adobe con las tejas trituradas, se desbordó el estero interrumpiendo el paso de vehículos y la línea férrea que cruza por el sector se desniveló y se cayeron los postes electrificados. Los perros se asustaron y corrían en busca de sus amos, las aves se despertaron a una hora imprevista y hasta los gallos alertaron de la emergencia. Las bestias amarradas o encerradas se encabritaron, porque los movimientos de tierra se sucedieron cada minuto hasta el amanecer. Se cortó la energía eléctrica y no había donde cargar los celulares. Solo funcionaban las norias familiares porque el tendido de agua potable se suspendió. La desazón era tremenda con la luz del día, mientras los familiares y vecinos rescataban a las víctimas tras los derrumbes con el riesgo de que se cayeron los restos de las construcciones ya que los sismos continuaban aunque con menor intensidad.

La misa fue oficiada por el diácono Hugo Carrasco quien invitó a recordar a los vecinos y seres queridos, que aquella madrugada del 27 de febrero, fueron abatidos por el peso de las viejas casonas que se desplomaron con brutal virulencia y acabaron con la vida de los siete vecinos que vivían en Itahue, Puente Alto, Pulmodón y Santa Teresa, sector sur de la comuna de Molina.
La belleza del jardín de la casa de Humilde Galdames, ofreció un remanso de paz y tranquilidad a quienes escucharon la palabra del diácono, quien recordó a Francisco Galdames, Fernando Osses, Rosita Osses y Marcela Moya, de Puente Alto; Marjorie Quinteros de Pulmodón; Osvaldo Astaburuaga de Santa Teresa y Carmen Rodríguez de Itahue.
Para Humilde Galdames fue doloroso recordar la muerte de su padre y a su vez a los vecinos de él, Fernando Osses, Rosita Osses y la hija de ella, Marcela Moya, que fueron aplastados por los muros de sus propias casas.

El comunicador social de Molina, Hugo Fuentes estuvo presente en este oficio, al igual que en los años anteriores, ya que Francisco Galdames fue tío de su señora y padrino de su primer matrimonio. Recordó que en su sitio existía una bodega y un molino de piedra, ya que se accedía directamente al rio. Y como buen aficionado a la pesca por allí incursionaba en dirección al Río Claro. Lamentó que la muerte lo sorprendió cuando estaba durmiendo en su cama.
En años anteriores se organizaba una caravana de vehículos para visitar a estos queridos vecinos que están sepultados y distribuidos en el cementerio parroquial y otros del tipo parque en Molina, pero esta vez se privilegió este encuentro en un lugar acariciado por la belleza de la naturaleza, el clima grato a partir de las 20 horas, cuando el calor ya estaba en retirada.