- Osvaldo Urrutia Soto, consejero regional
Chile corre el riesgo de abrir un debate equivocado en un momento crítico para su desarrollo portuario. La propuesta de concentrar la gobernanza de las empresas portuarias del Estado puede parecer una señal de modernización, pero podría terminar desviando la atención de los problemas reales.
Mejorar la coordinación es deseable. Un sistema logístico moderno requiere estándares comunes y una planificación integrada. Sin embargo, reducir la discusión a la cantidad de directorios es equivocar el diagnóstico.
La competencia entre puertos no es un problema, por el contrario, constituye una condición necesaria para asegurar eficiencia, calidad de servicio y tarifas competitivas. Debilitarla mediante esquemas excesivamente centralizados puede terminar afectando directamente el desempeño del sistema en su conjunto.
Los puertos no son homogéneos. Operan en realidades profundamente distintas. Algunos, como Valparaíso, están insertos en ciudades consolidadas, con restricciones urbanas, patrimoniales y de borde costero; otros, como San Antonio, cuentan con mayor disponibilidad de espacio para expansión. Existen puertos con vocación principalmente exportadora y otros con alta participación de importaciones; algunos enfrentan mayores exigencias ambientales o condiciones oceanográficas más complejas, mientras otros disponen de ventajas naturales como mayor abrigo o profundidad. También difieren en su conectividad logística, acceso ferroviario y relación con sus zonas de respaldo.
Poder analizar esa diversidad es clave para asegurar capacidad de adaptación y respuesta oportuna.
El problema de fondo es otro. Chile arrastra años de postergación en inversiones portuarias, déficits en infraestructura de respaldo y una evidente falta de conectividad eficiente, especialmente ferroviaria. A ello se suma la incertidumbre regulatoria que retrasa proyectos estratégicos.
Pero el mayor riesgo es permitir la formación de cuellos de botella. Cuando la capacidad instalada no crece al ritmo de la demanda, aparecen congestión, sobrecostos y pérdida de competitividad, afectando directamente el comercio exterior de todo el país.
A lo anterior se debe agregar el historial de paralizaciones de algunos puertos, factor crítico para sectores claves de la economía del país, por lo que es imprescindible mantener su continuidad operativa.
Centralizar decisiones, debilitando la gestión territorial y excluyendo a las autoridades regionales, no solo es una mala política pública ya que puede significar un retroceso en el proceso de regionalización y en los esfuerzos de descentralización del país.
Las fallas del sistema portuario no impactan solo a una empresa, sino al comercio exterior de todo el país.