9 de marzo de 2026 19:07
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

Aunque la lucha contra la desigualdad era un objetivo prioritario en el gobierno del presidente Gabriel Boric, en su transcurso esta afrenta fue convertida en “inseguridad” por presiones de las dos derechas y ahora aparece postergada indefinidamente: no figura en la agenda del régimen pinochetista que asume.

El hecho de que la desigualdad socioeconómica haya seguido manteniendo su buena salud y determinando la vida de los chilenos en los últimos 4 años es la peor contrariedad de la administración de Boric, que ha llegado a su término mientras comienzan los recuentos y los balances.

Se trata de la principal lacra que dejó la dictadura – entre muchas – y que al paso de los años no ha podido ser superada por la casta política decadente acomodada al modelo neoliberal que no repara en el bienestar ni el desarrollo de las grandes mayorías que permanecen estancadas.

Del tema se habló profusamente en la campaña presidencial de 2021 e inmediatamente después de la victoria de Boric, pero las buenas intenciones se diluyeron con la llegada a La Moneda junto con Apruebo Dignidad de sectores conservadores que venían de fracasar y que fueron convocados por el presidente.

Los partidos que antes fueron la ex Concertación se habían sumado al modelo, se limitaron a dejar pasar el tiempo sin promover las transformaciones exigidas por el pueblo y no aspiraban a cambio alguno. En la práctica les satisfacían la Constitución Política y el modelo neoliberal apoyados en el libremercadismo legados por la tiranía militar empresarial.

Por eso en este gobierno no hubo una reforma tributaria a fondo ni se habló de una distribución equitativa de la riqueza nacional. Ni pensar en enfrentar la concentración económica de una minoría ni de aplicar un impuesto a los súper ricos, idea del Frente Amplio al aparecer en escena promediando la década pasada.

La actual administración no pudo soportar las intensas presiones ejercidas para simular que las desigualdades son una ficción. Esas persistentes presiones se mantienen hasta ahora por cuenta de la oligarquía, los acaudalados grandes empresarios, la ultraderecha política y sus medios de comunicación que responden al alineamiento neoliberal.

El pinochetismo continúa presente en todos los ámbitos de la sociedad chilena a través de la inequidad. Este es el pilar fundamental del modelo que hoy angustia a la ciudadanía, que advierte que ello significa también desempleo, falta de oportunidades, endeudamiento y pérdida de los derechos sociales de cada chileno.

Claramente la equidad es un sentimiento natural de la justicia: a partir de la desigualdad se producen efectos que ocasionan incertidumbres a la gente sin recursos. Una reciente encuesta denominada “Sueños y temores de los chilenos” indica que la fragilidad financiera y la inestabilidad laboral son causas de preocupación de la población.

El mapa de inquietudes ciudadanas está marcado por la vulnerabilidad económica que afecta a importantes sectores. Las grandes mayorías no saben de seguridad en sus empleos, ni de salarios justos o de estabilidad. En muchos hogares hay el temor de no llegar a fines de mes y reiteradamente se debe recurrir a un endeudamiento con el mercado que es en definitiva el único que gana.

Reiteradamente las desigualdades son el punto de partida de la delincuencia y el narcotráfico en que caen quienes no disponen de oportunidades para proyectarse con decencia. El pinochetismo y los sectores conservadores hablan de “inseguridad”, cuyo origen queda de lado.

La administración que finaliza se esmeró en crear y poner en marcha con fecha primero de abril de 2025 el Ministerio de Seguridad Pública para combatir la ola delictual, pero no ha servido de nada. Tampoco el programa “calles sin violencia” ni la destinación de cuantiosos recursos económicos, tecnológicos y de equipamiento a las policías. La explicación es clara: el problema no se ha abordado a fondo ni desde sus raíces.

Si nada cambia, no hay que esperar resultados que aminoren la crónica roja, los homicidios, asaltos, robos y portonazos continuarán su línea ascendente, sin que sirvan de nada los discursos y anuncios de mano dura.

El presidente Boric está terminando su mandato sin asomos de superar la irritante inequidad que ha llegado a niveles impresentables. Su voluntad no pudo ante las fuertes presiones que ejercieron en su contra las dos derechas satisfechas con el modelo de desigualdades. Ello es parte fundamental de la lucha contra la desigualdad que definitivamente quedó pendiente en este gobierno.

Corresponde al pueblo y sus movilizaciones tomar las banderas para impedir que se siga acrecentando este flagelo, que frena el bienestar hoy y las proyecciones futuras de la ciudadanía.

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