2 de marzo de 2026 03:04
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

2026 se inicia en Chile con un objetivo central que para las grandes mayorías es una necesidad prioritaria: el surgimiento de una alternativa popular que con convicción y argumentos salga al paso de la ultraderecha que se apronta a instalarse en La Moneda, sea una firme oposición al régimen pinochetista en el Congreso Nacional y se proyecte con posibilidades ciertas de acceder al gobierno en un plazo mediato.

Esa alternativa largamente esperada se identifica con la Izquierda consecuente que no se acompleja de ser tal, la que al cabo de una limpia y extensa trayectoria ha mantenido siempre en alto las banderas de la democracia, la igualdad, la justicia social y las condiciones de vida digna de todas las personas carentes de recursos que son sometidas a la explotación por patrones multimillonarios elevados a niveles que no corresponden.

La Izquierda hizo historia que quedó en la memoria de la patria. Eran los primeros años de los 70, cuando ganaron las elecciones el presidente socialista Salvador Allende y el gobierno de la Unidad Popular que pusieron en marcha un conjunto de políticas publicas en favor del pueblo y la clase trabajadora, embistieron contra la mezquindad de los poderosos y lograron la nacionalización del cobre, que por estos días recortados y disminuidos sigue siendo el sueldo de Chile. El gobierno de la UP duró muy poco porque fue derrocado por la oligarquía criolla y el imperio norteamericano a través de las FF.AA. siempre incondicionales a su servicio.

Al pasar los años el movimiento izquierdista, seriamente diezmado durante la dictadura, encabeza las demandas de las mayorías por mejores condiciones de vida. En la actualidad está formado por el Frente Amplio, el Partido Comunista, el mundo allendista independiente y el movimiento social, que en el presente siglo ha protagonizado multitudinarias manifestaciones callejeras por una Constitución Política, un nuevo modelo de desarrollo socioeconómico y por el papel rector del Estado, que es de todos en lugar del mercado abusivo operado desde las sombras del poder por unos pocos.

A estas alturas surge la impresión ciudadana de que la Izquierda debe comenzar a transitar por un camino propio y lejos de la contaminación que pretenden imponerle veteranos políticos de la vieja guardia incapaces hoy de ganar nada. Mejor solo que mal acompañado dice el refrán.

La alternativa popular no estuvo presente en la campaña del balotaje que derivó en una categórica derrota de la candidata oficialista. Ella se encargó de decir una y otra vez que estaba al frente de una coalición de centro Izquierda.  Esta es muy cercana a la centro derecha en que no se aceptan cambios ni transformaciones ni refundaciones, que ya se habían olvidado en la actual administración de Gabriel Boric desde que este convocó a los partidos de la ex Concertación.

En las primarias efectuadas el domingo 29 de junio pasado la Izquierda se impuso con un 60% de los votos, contra el 28% de la ex Concertación o Nueva Mayoría o Socialismo Democrático o centro Izquierda. Las cifras fueron muy claras, pero se produjo una injustificada alteración al llegar a los comicios del 16 de noviembre, cuando la representante oficialista postuló liderando un centro Izquierda conservadora.

Claramente la lucha contra las desigualdades quedó a medio camino. Esto es lo peor que le puede pasar a la población que no dispone de otro patrimonio que su propio esfuerzo por superarse y aspirar a mejores expectativas. Solo se impone sin contrapeso la avidez de una minoría privilegiada que acumula dinero, propiedades y bienes materiales. Chile no sale de la lista negra de países más desiguales del planeta.

De ello no hablan los políticos, sus candidaturas ni los medios de comunicación, porque este azote se agudizó y se consolidó durante la dictadura. El tema no le interesa a los superricos que durante la tiranía saquearon el Estado y se apoderaron de sus diversos servicios y empresas. Para los diarios, radioemisoras y canales de televisión pertenecientes a la oligarquía la desigualdad es un tema tabú.

El balotaje fue ganado por la extrema derecha en todas las regiones con una holgura que no estaba en ningún cálculo. Por eso en estos días ha empezado en el progresismo una serie de críticas y autocriticas de la que nadie puede escabullirse, porque lo mejor es reconocer las responsabilidades, con seriedad y voluntad, por cuanto a la vida sigue y el mundo continúa su marcha.

Hay quienes apuntan a la administración del presidente Boric que abandonó muy tempranamente su agenda gubernamental que anticipaba cambios, transformaciones y refundaciones necesarias. Ese programa no prosperó y ni siquiera alcanzó a ponerse en marcha, porque fue abortado por sectores conservadores que fueron invitados a formar parte del gabinete ministerial y a ejercer altos cargos públicos.

A la vez se han escuchado voces piden una investigación a fondo por un hecho inédito e inesperado. Ello porque hubo electores de sectores desposeídos que sufragaron por el candidato fascista que resultó triunfante, lo que constituye un factor sorprendente y que resulta inexplicable en las actuales circunstancias que se advierten en la derechización en diversos países de la región.

El principal desafío es impedir que la tendencia derechista y autoritaria que hoy se expresa electoralmente se proyecte en el tiempo. La Izquierda tiene que actuar sin perder un minuto, desplegándose en el país para articular un pueblo organizado y movilizado, consciente de sus intereses y abriendo paso a un trabajo sistemático y sostenido.

En forma imprevista la historia ha dado un paso en falso que significa un peligroso retroceso. De tal manera es preciso que la Izquierda sea capaz de ofrecer certezas democráticas en tiempos de incertidumbre. Debe volver a su base de buscar justicia social, combatiendo la desigualdad y la pobreza. El pinochetismo es un castigo que el pueblo chileno no merece.

Es necesario que la Izquierda siga inalterable en un camino propio, sin conexión o dependencia de políticos retardatarios que actúan cubiertos por el manto del progresismo pero que están marcados por el signo de la derrota. Siempre con mucho ánimo, voluntad y convicción, la Izquierda consecuente debe hoy más que nunca retomar su protagonismo en Chile.

 

 

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