Por espacio de 26 años distribuía la prensa escrita en bicicleta a sus clientes directamente en su domicilio, especialmente en pandemia
De los 32 años que Juan Carlos Sepúlveda lleva trabajando como suplementero, por los menos durante 26, se desplazó en bicicleta por la ciudad de Molina, para entregar los diarios a domicilio, rutina que se intensificó durante la pandemia, ya que estaba obligado a buscar los clientes, porque la gente no podía salir a las calles.
Así nace la historia de este emprendedor que se instaló con el kiosco de diarios libros y confites “Punto de encuentro” ubicado a un costado del Gimnasio Municipal por Avenida Quechereguas, desafío que enfrentó con decisión ya que de su matrimonio había nacido su hija y había que generar ingresos para la familia.
Sepúlveda relata con orgullo su vocación, ya que siempre lo ha hecho con entusiasmo, buena disposición y deseos de crecer, respetando al cliente y recibiendo a la vez la misma respuesta.
Desde los inicios se levantaba temprano, ya que a las cinco y media de la mañana o a más tardar a la seis, estaba en la subagencia distribuidora de calle Membrillar y después frente a la Escuela N°2 para recibir los diarios de la jornada, iniciar la distribución domiciliaria y después a las siete abrir el local.
Fueron tiempos duros por el frío en invierno y los fuertes calores en verano, pero Sepúlveda tenía la capacidad de cumplir diariamente con su tarea, sin fallar en ningún momento.
En los primeros años había que ganarse al cliente y eso le permitió alcanzar una posición en este mercado exigente de la oferta y la compra, pero después le dijo un amigo, que también vendiera libros y ahí capturó una importante masa consumidora de niños y niñas que requerían libros de lectura que les exigían en sus colegios. Fue a Santiago y se abasteció de abundante literatura y después con los años, antes del inicio del año escolar llegaban las mamás y los papás con los listados de los libros a leer y Sepúlveda ya los tenía a la vista. Incluso iba a los establecimientos educacionales a promocionar los libros.

Como es una persona activa y al servicio de la comunidad, se integró como voluntario a la Primera Compañía de Bomberos, llegando a oficial, donde estuvo bastante tiempo asistiendo a las emergencias.
Pero como había que ocuparse de la hija que ingresaba a la educación superior, comenzó a trabajar en Curicó mientras su local lo atendía a partir de las siete de la mañana Francisco Mardones, retomando sus funciones en la tarde, tarea de reemplazo en que también estuvieron algunas damas.
Finalmente, optó por dedicarse de lleno a atender su kiosco junto a su señora, donde es posible advertir que la atención llega hasta los conductores de vehículos que se acercan a comprar algún artículo. Hoy solo está abierto su local durante las mañanas.
La venta de libros se ha convertido en una fuente de sabiduría histórica para los amantes de la historia de Molina y de los escritores ya que tiene a la venta libros de Nelson Chávez, Rigoberto Alcaíno, María José Espinoza y Claudio Oyarzún.
Es el único suplementero de Molina que pone a la venta desde sus inicios la publicación mensual “De Pancho a Pancho”.