- Francisco Bartolucci Johnston, abogado y profesor de derecho
En entrevista de prensa, el ex director del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) entre los años 2016 y 2018, Branislav Marelic, ha declarado: “Si el INDH se convierte en una trinchera política, sería la destrucción de su credibilidad”, refiriéndose al papel del organismo en el futuro gobierno del presidente electo José Antonio Kast.
Al respecto, es necesario señalar que el INDH desde sus inicios ha sido una “trinchera” de la izquierda más extrema de la política chilena, y que hoy de credibilidad ya no le queda nada.
Para confirmar lo anterior, baste con repasar el cúmulo de denuncias falsas que presentó el Instituto ante la opinión pública y los tribunales de justicia acusando a carabineros de violaciones a los derechos humanos en el cumplimiento de su deber de restablecer el orden público y defendernos a todos nosotros de las hordas violentista que asolaron las principales ciudades del país durante los luctuosos hechos ocurridos a fines del año 2019.
En aquella oportunidad el INDH no sólo prestó apoyo a la violencia desatada, sino que también jugó un rol protagónico en el proyecto de la extrema izquierda – con el beneplácito de la otra – de crear las condiciones que permitieran derrocar al presidente Piñera, generando así un vació que les resultara útil para tomar el poder.
En este propósito, llegaron incluso a preparar una declaración que denunciara que “el Estado estaba violando sistemáticamente los derechos humanos”.
A esta maniobra se opuso tenazmente el propio ex director Marelic, a la sazón consejero, y el entonces director del Instituto, Sergio Micco.
En la entrevista Marelic nos relata que “durante el estallido social se intentó que el Instituto fuera una trinchera política” pero se logró “resistir” y revertir las presiones para “decir si Piñera era un violador de lesa humanidad o no, y claramente no lo era”. “A todos los que estuvimos a favor de la mesura, e imparcialidad, nos costó caro (…) el tiempo nos dio la razón”.
Hoy, ad portas de asumir el nuevo gobierno, el actual director del Instituto, Yerko Ljubetic, expresa su voluntad de “ampliar la mirada” de la institución, de modo de promover y defender “los derechos cuya vulneración y dificultades de acceso deterioran las condiciones materiales para una mejor vida de las personas”: económicos, culturales y ambientales, “en sus dimensiones más concretas”.
Estas declaraciones, inevitablemente, han creado el temor de una eventual captura ideológica del organismo, y por el rol que jugará la entidad bajo la presidencia de José Antonio Kast.
Esta interpretación extensiva del concepto de derechos humanos – que no se aplicó durante el actual gobierno de Boric – encienden las luces respecto de que la permanente ideologización del INDH se acentué y que el organismo sea una herramienta más de la decidida oposición política que al nuevo gobierno preparan sus adversarios.
Destacando la claridad, valentía y buenos propósitos que se deprenden de la entrevista a don Branislav Marelic, me permito, por intermedio de esta columna, señalar que el peligro que él advierte – que el INDH se convierta en una “trinchera” – no proviene del próximo gobierno y su presidente, sino, una vez más, del interior del propio organismo.