13 de abril de 2026 08:44
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales queda la certeza del grueso error de la candidata del oficialismo al dejar fuera cualquiera asomo popular de su comando y su campaña, lo cual tiene ahora cuesta arriba el objetivo del mundo democrático de mantener en sus manos otro periodo de gobierno.

No participaron en la elaboración del programa gubernamental representantes de la Izquierda, la clase trabajadora y los movimientos sociales, porque la abanderada prefirió identificarse con la llamada «centro izquierda» y su comando estuvo integrado por políticos y empresarios designados a dedo por las cúpulas de los desgastados partidos de la desaparecida Concertación.

Jeannette Jara en forma sorpresiva optó por desprenderse de su propia identidad y de su propia colectividad política (PC) con resultados que pueden llegar a convertirse en un duro traspié para una democracia que ha costado tanto reconstruir al cabo de la feroz dictadura militar empresarial.

Entre los 13 millones y medio de electores ella obtuvo una precaria victoria sobre el cabecilla fascista José Kast por menos de 3 puntos porcentuales: 26,8% contra 23,9%.  No logró superar la barrera del 30% como se anticipaba en sus filas, que es también el promedio de apoyo que ha tenido en los últimos años el actual presidente Gabriel Boric.

Para el oficialismo la tarea por delante es difícil porque las otras dos cartas del pinochetismo, Kaiser y Matthei, sumarán sus sufragios a Kast en la segunda vuelta fijada para el domingo 14 de diciembre. Desde ya, ello significaría un triunfo para la extrema derecha y un desastre para la gente sin recursos.

La única forma de evitarlo es a través de una férrea unidad del pueblo, de sus organizaciones y movilizaciones, y principalmente de cambios sustanciales en la agenda gubernamental de Jara. Hasta ahora, salvo el aumento del salario vital a 750 mil pesos para que las familias lleguen a fin de mes, no hay nada que entusiasme al electorado.

Más allá de los saludos jubilosos y los abrazos prematuros por la estrecha ventaja que no significa nada, comienzan de inmediato los preparativos del balotaje. El tiempo pasa volando y hay que aprovecharlo con criterio y voluntad para unificar las fuerzas políticas y sociales democráticas, de modo de no volver a defraudar a las grandes mayorías postergadas que esperan días mejores desde hace largos años.

Jara ganó en forma categórica en junio pasado las primarias del sector liderando un proyecto de Izquierda que contenía las demandas estructurales a que aspira el pueblo, pero aquello se convirtió sorpresivamente de la noche a la mañana en un programa amorfo de «centro izquierda» de contenido contrario a los cambios y que no permite al país ni a su gente avanzar y desarrollarse. Ello fue determinado por el comando formado por oportunistas desconectados de la realidad.

Desde ese momento quien había sido ministra del Trabajo del actual gobierno comenzó a tomar distancia de la Izquierda y del ámbito popular. No volvió a hablarse de cambios ni de valores como la igualdad, la inclusión y la justicia social. Al parecer no figura entre sus objetivos molestar a los dueños del dinero, que dejan solo las sobras para las clases populares. Por de pronto, no se vislumbra una reforma tributaria a fondo.

Si Jara llega a la presidencia con su actual programa, no habrá cambio de Constitución, ni de modelo socio económico ni de la supremacía que ejerce el mercado abusivo respecto al Estado. Tampoco se contempla la total nacionalización del cobre y del litio y se mantendrán empresas que la dictadura creó para enriquecer aún más a sus dueños, entre ellos multimillonarios inversionistas transnacionales propietarios de las AFP y las Isapres. A la vez no se consideran medidas contra otros flagelos, como la falta de oportunidades, el endeudamiento de las familias, la falta de viviendas, el financiamiento de la salud pública, etc.

Probablemente por todo ello es que un columnista mercurial escribió que “el principal asesor económico de Jara, Luis Eduardo Escobar, ha sostenido abierta y públicamente valores y principios que perfectamente tendrían cabida entre quienes apoyan a Kast o Matthei». El mencionado asesor es hijo de otro economista ya fallecido, que fue ministro de Economía de Alessandri durante el régimen de los gerentes y titular de Hacienda en la dictadura de Pinochet.

Con claridad el cambio de programa de gobierno y la unidad popular sin exclusiones son factores determinantes para aspirar exitosamente a La Moneda. No puede entregarse la presidencia de la República sin luchar y sin buscar fórmulas que eviten una calamidad mayor y un nuevo y severo castigo para la población.

En ese sentido la campaña de menos de un mes tiene que incorporar rostros nuevos y nuevas expectativas del acontecer popular que instale una agenda de acuerdo a las necesidades de las grandes mayorías y que signifique propuestas reparatorias para la gente con igualdad y sin indicios de neoliberalismo. Continuar insistiendo con los políticos de siempre, bajo tutelaje patronal, no vale la pena.

La primera vuelta quedó atrás y desde ahora hay que preparar con dedicación y voluntad la jornada crucial de diciembre, siempre con Jeannette Jara a la cabeza. Es la única opción para frenar la embestida pinochetista que vuelve a amenazar al pueblo.

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