23 de febrero de 2026 02:54
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

La protesta del gobierno de Chile por las insólitas declaraciones del nuevo embajador  de Estados Unidos en Santiago constituyen una firme y oportuna manifestación de soberanía nacional, la que ha sido recibida con beneplácito por la ciudadanía que tiene claro que el país no necesita tutores ni tutelajes de ningún tipo.

A menos de 24 horas después de esas desafortunadas expresiones, la Cancillería chilena hizo pública la nota de protesta en que da a conocer su molestia por las apreciaciones inapropiadas y el sentido intervencionista del representante de la Casa Blanca que lo único que ha conseguido es que las tensiones vayan en aumento.

Actuando con dignidad  y decoro la administración del presidente Gabriel Boric ha querido actuar a tiempo para frenar la intromisión del imperio norteamericano que es común y corriente en diversas partes del planeta, pero que no tiene por qué producirse también aquí.

Brandon Judd, enviado con instrucciones especiales por el magnate Trump, comenzó a poner problemas y conflictos que no hay tan pronto puso un pie en el territorio nacional. Obviamente viene bien aleccionado desde Washington, donde no se considera a Boric entre los sobrinos predilectos del Tío Sam.

Desde sus primeros días en Chile el embajador no ha disimulado su encono y animadversión contra Boric por las continuas críticas que éste ha formulado hacia el mandatario estadounidense. Estas críticas provienen desde todo el mundo  por sus afanes expansionistas en que invariablemente salen a relucir y se basa en el incontrastable  poderío bélico de la superpotencia.

Otra vez David enfrenta a Goliat: en foros internacionales el Jefe de Estado chileno ha acusado a Trump de mentir por sus dudas que ha sembrado sobre el cambio climático. A la vez ha afirmado que “representa todo lo que rechazo”, lo que ha significado la irritación de Judd que no puede aceptar  que se esté contrariando a su jefe directo. Por eso reacciona encolerizado.

Sin el menor cuidado por una función que debiera ser diplomática, Judd dice que escuchar las críticas del presidente de Chile ha sido “muy decepcionante”. Agrega que lo que dice Boric es perjudicial para el pueblo chileno.  Este “diplomático” no es de carrera y ocupa su actual puesto solo por su cercanía con Trump, un Sheriff planetario o un controlador del mundo entero, siempre amenazante, con asomos de chantajista y terrorista.

Esa estrechez de criterio no le impide echar más leña al fuego. Dice que  “trabajaremos con cualquier presidente que elija el pueblo, pero ciertamente habrá un gobierno con el que será más fácil trabajar”. Con ello expresa sus preferencias por el candidato presidencial con una ideología afín a su gobierno.

Después de lo que Trump hizo con las elecciones en Argentina, no hay que pensar en su intencionalidad. La ciudadanía tendrá que estar muy atenta  para evitar que también el intervencionismo yanqui signifique alguna alteración en la segunda vuelta presidencial chilena el segundo domingo de diciembre.

Judd no se restringe  ante lo que debe ser una resolución  del pueblo chileno y nadie más. Sostiene que “hay gobiernos que estarán ideológicamente alineados con nosotros  y esos gobiernos serán  más fáciles de tratar. Habrá un gobierno que sentiremos será mejor”.

Chile vivió en el siglo pasado su peor pesadilla, cuando la Casa Blanca (Nixon y Kissinger) a través de los militares traidores concretó el derrocamiento del gobierno constitucional del presidente socialista Salvador Allende. El golpe de Estado y la dictadura de 17 años costaron la vida de más de 5 mil personas asesinadas, y hubo cientos de miles de perseguidos, torturados y exiliados, en tanto los restos de muchas  de estas víctimas permanecen aún desaparecidos. Nadie quisiera repetir esa dolorosa tragedia de la historia patria.

En la actualidad Trump encubre sus intenciones en América Latina. Su propósito central es sacar del poder a Nicolás Maduro, porque preside un gobierno socialista en Venezuela, pero aparece hacia afuera encabezando  una cruzada contra el narcotráfico. Aunque simula combatir el crimen organizado, ha ordenado la muerte de un centenar de tripulantes de embarcaciones acribilladas en alta mar con la excusa  de que transportaban drogas.

Nadie puede hoy asegurar que no apuntará luego contra el gobierno chileno, lo que ciertamente  dependerá del candidato que asuma la presidencia en La Moneda en marzo de 2026, tras el balotaje del domingo 14 de diciembre próximo. El resultado de la segunda vuelta es una incógnita.

Por estos días hay en Chile un Presidente de la República que se expresa con la libertad y la independencia  de un mandatario  de un país libre y soberano. Esos valores alejan lacras como el vasallaje y la sumisión  de los demás, que son el principal objetivo del imperialismo yanqui.

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