31 de marzo de 2026 15:38
  • Geógrafo, ex senador por Antofagasta

Al observar los grandes acontecimientos históricos del siglo XX y este primer cuarto del siglo XXI, con sangrientas confrontaciones, e irracionales genocidios, con millones de seres humanos sacrificados, en países de distintos niveles económicos, sociales y culturales, surgen argumentos -de sobra- para poner en cuestionamiento la definición de “la persona humana como ser racional”. ¿Cómo se puede pretender racionalidad, sentido lógico e inteligencia, en medio de tan elocuentes muestras de barbarie?

Un mínimo sentido de realismo y prudencia nos debe motivar a cuestionar esa definición. Hay sólida evidencia que, el ser humano como conjunto, es racional y estúpido, al mismo tiempo, sea por acción o por omisión, avalando el fundamento de la “banalidad” que planteó Hannah Arendt. Esto justifica que el estudio de la estupidez haya evolucionado tan rápido, desde una categoría anecdótica a un análisis ético, sociológico y técnico, en el que múltiples pensadores, de distinto calibre y alcances a nivel mundial, han dedicado tiempo a su caracterización, algunos de ellos en medio de circunstancias dramáticas.

Es muy evidente que la estupidez se constituye en un mal pandémico, que se extiende a nivel global, en un mundo crecientemente polarizado, que pierde sus límites culturales y valóricos tradicionales, cuyos mega relatos: ideológicos, económicos, espirituales, se han derrumbado. A ello se agrega la emergencia de la sociedad digital, su revolución en las tecnologías de información y comunicación, que han transformado las dimensiones de tiempo y espacio, con la virtualidad, que impacta en todas las dimensiones del quehacer humano, cambiando la forma de ser, estar y hacer, en el mundo.

La tensión entre un enfoque matriarcal y otro patriarcal, sus diferencias de sensibilidad, relacionalidad y sentido de vida y compromiso, son relevantes al momento de detenernos a reflexionar sobre este tema. Para la comprensión del asunto presentaré una síntesis de las ideas y principales tendencias de los análisis contemporáneos más relevantes e influyentes que, a nuestro juicio, caracterizan la Estupidez Contemporánea, asociándolas a sus pensadores más destacados. Distinguiremos tres dimensiones principales, a saber:

  1. La Dimensión Moral: Dietrich Bonhoeffer (1906-1945 Alemán) nos advierte que la estupidez es un «enemigo del bien» más temible que la malicia. Mientras que el malvado puede ser combatido o contenido, el estúpido es impermeable a los hechos. Su estado es de «posesión» por una causa externa, un nivel de consciencia básico y polar (político o religioso) que anula su capacidad de pensamiento crítico y de reflexión interna y profunda.
  2. La Dimensión Social: Carlo Cipolla (1922-2000 Italia) señala que la estupidez es una «sordera» ante la complejidad del otro, nos recuerda que los estúpidos están presentes en todas las clases sociales y niveles educativos, siendo su imprevisibilidad su rasgo más dañino para el progreso de las naciones.

III. La Dimensión Técnica: Éric Sadin (1973- Francia), en sus interesantes y novedosas ideas, nos advierte que en el siglo XXI, la estupidez se ha vuelto «asistida». Sadin plantea que la tecnología no nos hace más inteligentes, sino más dependientes. Al seguir las recomendaciones de la IA para cada aspecto de nuestra vida, perdemos la capacidad de discernimiento, convirtiéndonos en ejecutores de decisiones algorítmicas pre calculadas.

Para combatir la estupidez sistémica, no se puede seguir haciendo más de lo mismo, se requieren acciones fundamentales: a) Recuperar la Autonomía Moral: Atreverse a pensar fuera del grupo, incluso cuando el poder (o la red social) exige conformidad; b) Abrazar la Complejidad: Rechazar los eslóganes simplistas y las soluciones binarias que proponen las ideologías; y, Fomentar el «Roce» con la Realidad: Desconectar de la asistencia técnica constante para recuperar el juicio propio, el error y el aprendizaje humano.

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