21 de octubre de 2026 01:48
  • Manuel Tobar Leiva Secretario General de la Comunidad Humanista Cristiana Eduardo Frei Montalva. Acto homenaje en la Sala Pedro Montt Biblioteca del Congreso Nacional de Valparaíso

En nombre de la Comunidad Humanista Cristiana Eduardo Frei Montalva, quiero darles la más cordial bienvenida y agradecer sinceramente su presencia en este homenaje que realizamos aquí, en Valparaíso, una ciudad que fue escenario de importantes momentos de su vida pública.

Queremos  recordar a Eduardo Frei Montalva, como Presidente de la República, como un hombre marcado por una profunda convicción democrática, por una concepción humanista y cristiana de la vida y por la idea que el desarrollo de Chile debía alcanzar a todos sus territorios y comunidades.

En lo personal, hablar de Frei es hablar de la gran historia de Chile, y también de mis recuerdos familiares. Provengo de una familia vinculada desde muy temprano a la Falange Nacional y al humanismo cristiano.

En 1958, en la primera campaña presidencial de Frei, siendo todavía niño, lo recuerdo dirigiéndose a la comunidad en la plaza de Cartagena, junto a mi padre. Y fue tanta la influencia que tuvo en nuestras vidas, que la primera palabra que aprendí a escribir fue “Frei”.

En 1964, participé junto a mis padres en la “Marcha de la Patria Joven”. Tenía trece años. Recuerdo la emoción de mi familia y, sobre todo, las palabras de Frei dirigidas a los jóvenes: nos habló de mantener “limpio y puro el corazón, de una “alta moral” y de la honestidad que debía acompañar a quienes asumieran responsabilidades públicas.

Fueron palabras que quedaron grabadas en mi memoria y que siempre vuelven a sonar con el tiempo. Han pasado más de sesenta años y ese mensaje conserva para mí una inspiración que perdura, como seguramente ocurre también en muchos de ustedes, integrantes de una generación que aspiraba a construir un Chile más justo, más democrático y más humano.

Cuando en la actualidad pensamos en la obra de su gobierno y el alma que lo inspiraba nos toca directamente como región de Valparaíso su visión regionalizadora.

Este homenaje que le debía Valparaíso a Frei tiene en ello uno de sus fundamentos. En efecto, Frei comprendió tempranamente el problema del excesivo centralismo de nuestro país.

Durante su gobierno se creó ODEPLAN, se fortaleció la planificación regional, se implementaron los polos de desarrollo, que en nuestra región se materializo en Casablanca.

Luego envió un proyecto de reforma constitucional para crear una nueva división político administrativa en regiones que se frustró en el Senado.

Para quienes hemos dedicado buena parte de nuestra vida pública a la descentralización, ese antecedente tiene un significado especial. Frei entendía que el desarrollo nacional debía construirse también desde las regiones, desde sus ciudades, sus comunidades y las capacidades de su propia gente.

Fue también aquí en Valparaíso que un 19 de julio de 1968, fue promulgada la Ley sobre Juntas de Vecinos y demás organizaciones comunitarias. El acto realizado en la Plaza Sotomayor contó con la participación de miles de pobladores y con la presencia de nuestros queridos senadores Benjamín Prado y Eugenio Ballesteros.

Aquella ley formaba parte de una concepción mucho más amplia: la Promoción Popular. Se trataba de abrir espacios para que las personas pudieran organizarse, participar y asumir responsabilidades en la vida de sus barrios y comunidades.

Era una idea profundamente democrática: una sociedad se construye sobre la base de las organizaciones intermedias, empezando por la familia, la participación de sus ciudadanos y la concepción de un Estado que se organiza y actúa promoviendo a esas comunidades.

Otro acontecimiento que tuvo como escenario nuestra región fue la inauguración de la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA), en el Teatro Municipal de Viña del Mar.

En 1969  el Presidente Frei inauguró aquella reunión y pronunció una frase que expresa con gran claridad su visión de América Latina: “No esperemos que otros nos digan cómo nos van a ayudar. Digamos nosotros cómo nos vamos a levantar”.

Era una invitación a América Latina a hablar con voz propia, a actuar con dignidad y a asumir su propia responsabilidad en el desarrollo. ¡Que lección la de Eduardo Frei y su Ministro de Relaciones Exteriores Gabriel Valdés parándose con dignidad y autonomía frente a EEUU.!

Años más tarde, en 1979, en el Hotel O’Higgins, con ocasión de una actividad vinculada a la Comisión Norte-Sur, (Comisión Brandt) tuve nuevamente la posibilidad de escuchar a Frei. Chile vivía entonces bajo una dictadura. En ese contexto, Frei insistía en una idea esencial: la democracia no podía ser sustituida por soluciones autoritarias y la convivencia política debía sustentarse en la libertad, la ley y el respeto a la dignidad humana. Para muchos jóvenes de aquella época, escuchar esas palabras tuvo una enorme significación.

Cuando hoy recordamos a Eduardo Frei Montalva, estamos realizando un necesario ejercicio de memoria histórica, para aprender de sus experiencias, de sus lecciones y del alma que lo inspiraba.

Pero también nos preguntamos por la razón de la vigencia de esos principios que constituyeron su vida pública, entre ellos: la dignidad de la persona, la solidaridad y subsidiaridad, la justicia social, la participación de las comunidades, el desarrollo equilibrado de los territorios, la integración latino americana. En fin todo ello en el marco de un sistema democrático real.

La Comunidad Humanista Cristiana Eduardo Frei Montalva nació precisamente con el propósito de mantener abierto ese diálogo. No queremos promover una mirada nostálgica del pasado, ni transformar a Frei en una estatua de piedra. Queremos estudiarlo, discutirlo y comprenderlo en toda la riqueza y también en toda la complejidad de su tiempo.

Por eso nos alegra especialmente contar hoy con tres destacados personalidades públicas como el historiador Alejandro San Francisco y los diputados Jaime Mulet y Joana Pérez

Ellos nos ayudarán a mirar a Frei con el rigor que exige la historia y también a comprender por qué su pensamiento sigue planteando preguntas y respuestas relevantes para Chile.

Al preguntarnos hoy dónde permanece Eduardo Frei Montalva, comprendemos que su legado no está solamente en los libros, los archivos, los monumentos o la casa museo.

Permanece en la defensa de la democracia, en la convicción de que las regiones deben ser protagonistas de su desarrollo y en la certeza de que la política requiere siempre una profunda dimensión ética. Permanece, sobre todo, en la aspiración de construir un Chile más humano, solidario y con justicia social. Por eso, Eduardo Frei Montalva no pertenece solamente a nuestra memoria. ¡Está en el alma que nos inspira!

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