20 de octubre de 2026 23:38

Carlos Vergara, director del diario El Mercurio de Valparaíso

 

Quiero partir con una pregunta que parece sencilla, pero que, en realidad, es bastante incómoda.

¿Siguen siendo necesarios los medios locales?

La respuesta que quiero proponer es sí.

Pero no es un sí basado en la nostalgia.

No porque El Mercurio de Valparaíso tenga casi 200 años.

No porque los diarios regionales hayan formado parte de la historia de nuestras ciudades.

La respuesta es sí porque una democracia necesita que alguien mire lo que ocurre en los territorios, cuando la mirada nacional ya se fue a otra parte.

Y ahí está probablemente, uno de los grandes problemas que tenemos hoy.

Chile sigue siendo un país extremadamente centralista

Santiago concentra buena parte de las decisiones políticas, económicas, culturales y comunicacionales. Allí están los ministerios, las grandes empresas, los principales avisadores, los canales de televisión, muchas de las agencias de publicidad, los grandes grupos económicos y buena parte de los centros donde se define qué es importante y qué no lo es.

Y esto produce una paradoja.

Chile puede tener una conversación nacional muy intensa y, al mismo tiempo, estar dejando de conversar lo que ocurre en sus regiones.

Porque lo que ocurre en Valparaíso, en Viña del Mar, en San Antonio, en Los Andes, en Quillota, o en cualquier otra ciudad no siempre cabe en la agenda nacional.

Y cuando no cabe, alguien tiene que contarlo.

Ese es el papel de la presan regional.

Un medio local no solamente informa.

Construye memoria.

Sabe quién es quién.

Sabe dónde se tomó una decisión municipal.

Sabe qué proyecto lleva diez años esperando.

Sabe qué empresa, cuál se fue, qué colegio tiene problemas, qué barrio está abandonado, qué autoridad prometió algo y todavía no lo cumple.

Y, sobre todo, sabe que detrás de una noticia hay personas que uno probablemente se encontrará mañana en la calle.

Eso cambia la manera de hacer periodismo.

En un medio nacional, una noticia puede ser una noticia más.

En un medio regional, esa misma noticia puede cambiar la vida de una comunidad.

Por eso el periodismo local tiene algo que el algoritmo notiene:

Contexto.

Y tiene algo que las redes sociales tampoco tienen:

Responsabilidad.

Porque el algoritmo puede hacer que un video se vuelva viral.

Pero no va a quedarse mañana en Valparaíso para responder por las consecuencias de lo que difundió.

Nosotros sí.

Ahora bien, tenemos que reconocer algo.

Lo medios regionales están enfrentando una crisis profunda.

Y no podemos explicarla solamente dicien que ´´la gente ya no lee diarios´´.

Eso sería demasiado fácil.

La realidad es bastante más compleja.

La audiencia cambió.

La tecnología cambió.

La publicidad cambió.

Los hábitos cambiaron.

Pero también cambió algo más:

El compromiso de buena parte el mundo empresarial con los medios locales.

Y aquí quiero detenerme especialmente

Porque durante décadas existió una relación bastante natural entre las empresas de una región y sus medios.

Una empresa que hacía negocios en Valparaíso entendía que tenía una responsabilidad con Valparaíso.

Una empresa que empleaba personas en la región, utiliza sus puertos, sus carreteras, sus servicios, sus universidades entendía que también formaba parte de esa comunidad.

Y los medios regionales eran parte de ese ecosistema.

Hoy eso se está debilitando.

Y tenemos que decirlo con claridad.

Muchas empresas regionales siguen teniendo operaciones, trabajadores, clientes e intereses en las regiones, pero sus presupuestos de comunicación y publicidad se decide cada vez más en Santiago.

Y entonces ocurre algo absurdo.

Una empresa puede vender millones de pesos en Valparaíso, pero su decisión publicitaria puede tomarse a cientos de kilómetros de distancia.

Una compañía puede tener una planta, una faena, un puerto, una oficina y cientos de trabajadores en una región y, sin embargo, considerar que comunicarse con esa comunidad es un asunto secundario.

¿Por qué?

Porque muchas veces se mira la publicidad solamente como una compra de audiencia.

Y se olvida que también puede ser una inversión en el territorio.

Aquí aparece nuevamente el centralismo.

Porque el centralismo no es solamente que los ministerios estén en Santiago.

El centralismo también existe cuando las decisiones económicas, comunicacionales y culturales sobre una región se toman fuera de ella.

Y eso tiene consecuencias.

Si los medios locales pierden ingresos, tienen menos periodistas.

Si tienen menos periodistas, cubren menos lugares.

Si cubren menos lugares, investigan menos.

Si investigan menos, hay menos fiscalización.

 

Y cuando hay menos fiscalización la democracia local se empobrece.

Es una cadena.

Por eso cuando hablamos de la crisis de los medios regionales, no estamos hablando solamente de empresas que tienen dificultades económicas.

Estamos hablando de un problema democrático.

Pero también tenemos que hacernos cargo de nuestra propia parte.

Los medios regionales no pueden pedirle a la sociedad que los financie simplemente porque existen.

Tenemos que ser mejores.

Tenemos que ser más digitales.

Más innovadores.

Más útiles.

Más cercanos.

Tenemos que entender que el lector ya no necesariamente nos espera mañana en el papel.

Puede encontrarnos en su teléfono a las siete de la mañana.

Puede escucharnos en un podcast.

Puede recibir una newsletter.

Puede ver un video.

Puede conversar con nosotros en redes sociales.

Puede leer una investigación en internet.

El territorio sigue siendo local, pero la forma de llegar a él ya no lo es.

Y eso nos obliga a cambiar.

Pero cambiar no significa abandonar aquello que nos hizo relevantes.

Al contrario.

Significa llevar esa relevancia a nuevos formatos.

Hay otra razón por la cual los medios locales siguen siendo indispensables.

Porque las regiones necesitan contar su propia historia.

Si nosotros no contamos Valparaíso, otros la van a contar.

Y probablemente la contarán desde afuera.

Con buenas intenciones, quizás.

Con grandes recursos, probablemente.

Pero sin necesariamente conocerla.

Porque una región no es solamente un conjunto de estadísticas.

No es solamente crecimiento económico.

No es solamente desempleo, delincuencia, turismo, puetos, minería o incendios.

Una región también es identidad.

Es memoria.

Es lenguaje.

Es patrimonio.

Es orgullo.

Es conflicto.

Es aspiración.

Es la vida cotidiana de cientos de miles de personas.

Y eso requiere de periodistas que estén ahí.

Por eso creo que debemos cambiar la pregunta.

No deberíamos preguntarnos solamente:

¨¿Quién va a pagar por el periodismo regional?¨.

Deberíamos preguntarnos:

¨¿Qué pierde una región cuando desaparece el periodismo regional?¨.

Esa es una conversación mucho más importante.

Porque cuando desaparece un medio local no desaparece solamente una marca.

Desaparecerá una red de conocimiento.

Desaparecen archivos.

Desaparecen periodistas que conocen el territorio.

Desaparece una mirada independiente.

Y, muchas veces, desaparece también una parte de la memoria colectiva.

Por eso quiero hacer hoy un llamado especialmente a las empresas de nuestra región.

A las grandes y a las pequeñas.

A las compañías portuarias.

A las mineras.

A las empresas energéticas.

A las universidades.

Las inmobiliarias.

A las instituciones financieras.

A las empresas de servicios.

A quienes hacen negocios en esta región.

La prensa regional también es parte del ecosistema que permite que una región funcione:

No estamos pidiendo caridad.

Estamos hablando de una relación.

De una conversación.

De entender que una comunidad informada también es un activo para las empresas.

Y que apoyar medios locales independientes no significa comprar una línea editorial.

Significa contribuir a que exista un espacio donde esa misma empresa puede ser cuestionada, reconocida, investigada y explicada.

Porque un buen medio no es el que siempre habla bien de las empresas.

Es el que permite que las empresas sean parte de una conversación pública adulta.

Y aquí llegamos al punto central.

Creo que nos falta una conversación pública más honesta sobre esto.

Una conversación en la que podemos decir que el periodismo de calidad cuesta dinero.

Que tener periodistas buenos cuesta dinero.

Que investigar cuesta dinero.

Que enviar periodistas a terreno cuesta dinero.

Que mantener archivos, plataformas digitales y tecnología cuesta dinero.

Que hacer periodismo independiente cuesta dinero.

Y que no pagarlo también tiene una consecuencia.

La consecuencia es muy simple:

Menos periodismo.

Y cuando hay meno periodismo, otros ocupan ese espacio.

Las redes sociales.

Los rumores.

La propaganda.

Los intereses particulares.

La desinformación.

Los algoritmos.

Y ninguno de ellos tiene como obligación principal servir al interés público.

Por eso, cuando alguien me pregunta si los medios locales siguen siendo necesarios, yo respondería:

Más que nunca.

Pero necesitamos que sean capaces de transformarse.

Y necesitamos también que las comunidades, las empresas y las instituciones entiendan que no da lo mismo que existan o no.

Porque una ciudad sin periodismo local puede seguir teniendo redes sociales.

Puede seguir teniendo influencers.

Puede seguir teniendo comunicados de prensa.

Puede seguir teniendo grupos de WhatsApp.

Puede incluso tener mucha información.

Pero puede quedarse sin algo fundamental.

Alguien que pregunte, que contraste, que investigue y que recuerde.

Y esa es, finalmente, nuestra tarea.

No estamos aquí solamente para contar lo que pasó.

Estamos para ayudar a una comunidad a entender por qué pasó, quién tomó las decisiones, quién se beneficia, quién se perjudica y qué puede pasar mañana.

Eso es periodismo.

Y eso es especialmente importante cuando hablamos de regiones.

En pocos años El Mercurio de Valparaíso cumplirá 200 años.

Dos siglos.

Dos siglos mirando esta región.

Dos siglos registrando terremotos, incendios, elecciones, crisis, transformaciones, alegrías, tragedias, personajes y generaciones.

Pero el desafío no es llegar a los 200 años.

El desafío es que Valparaíso tenga periodismo local durante los próximos 200 años.

Y eso no depende solamente de los periodistas.

Depende de todos.

Depende de los lectores.

Dependen de las autoridades.

Depende de las universidades.

Depende de las empresas.

Depende de quienes toman decisiones en Santiago.

Y depende, sobre todo, de que entendamos algo que parece obvio, pero que a veces olvidamos:

Una región que no puede contar su propia historia termina dejando que otros la cuenten por ella.

Y cuando eso ocurre, no solamente perdemos medios,

Perdemos territorio.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *