31 de agosto de 2026 06:50
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

A su edad el ex presidente Frei Ruiz-Tagle insiste en prolongar su carrera, asiste a foros empresariales, expresa su contrariedad por el sistema político, embiste contra la permisología y apoya en toda la agenda económica del régimen de ultraderecha, pero nunca se ha dado un tiempo para una autocrítica de su gobierno que fue nefasto para las clases populares y marcó el comienzo del ocaso de su Partido Demócrata Cristiano que se ha ido acentuando progresivamente.

Este mes de agosto el PDC llegó a sus 69 años de existencia, aniversario que fue conmemorado con sobriedad recordando otros tiempos, aquellos tiempos de esplendor en que la colectividad sumaba muchos votos, era la principal tienda política del país, se convirtió en el eje central de la más poderosa coalición partidista y eligió a tres presidentes de la República.

Antiguos falangistas evocaron con orgullo el hecho de “haber sido” el partido más importante y reconocieron con pena “el dolor de ya no ser”, en estos días en que no surgen nuevos líderes o dirigentes, pero sí hay una fuga incesante de militantes que se produce sin tregua y que apuran quienes quieren marcharse antes que llegue la hora de cerrar la puerta por fuera.

Los presidentes que ganaron con amplia mayoría fueron Frei Montalva, que en 1964 logró sumar a toda la derecha, la oligarquía y el imperialismo yanqui encabezando una campaña del terror para evitar la victoria del médico socialista Salvador Allende y el Frente de Acción Popular; Aylwin Azocar, en 1990, inmediatamente después de la dictadura, y Frei Ruiz-Tagle en 1994, cuando aprecia que la Concertación era una fuerza incontenible destinada a gobernar hasta la eternidad.

Frei padre e hijo habían celebrado jubilosamente el golpe criminal y el derrocamiento de Allende, justificándolo en todos sus aspectos. Tenían la idea de que los militares golpistas habían asaltado La Moneda, bombardeado al presidente constitucional, iniciado el genocidio y ocupado por las armas todo el país para entregar la jefatura de Estado a Frei Montalva, que entonces ejercía la presidencia del Senado.

Aun así, Frei Ruiz-Tagle fue permanente admirador del pinochetismo. En su condición de joven ejecutivo de la empresa Sigdo Koppers, en octubre del 73, fue uno de los primeros en acudir a donar dinero y joyas a la campaña por “el hombre nuevo” de la tiranía castrense, recolección que recibió importantes aportes de los cuales nunca más se supo.

La última admiración del gobernante del siglo pasado por el capital general del genocidio no solo se limitó a eso. También quiso prolongar el modelo neoliberal en que siempre se sintió más cómodo y principalmente el sistema de privatización de empresas y servicios, buscando en todo momento satisfacer las aspiraciones de los dueños del dinero, chilenos y extranjeros.

En un país que necesitaba fortalecer sus patrimonios nacionales, Frei Ruiz-Tagle se convirtió en el campeón de las privatizaciones en la era concertacionista encabezada por la Democracia Cristiana. Como caso único en el mundo entregó la propiedad del agua en un 100% a poderosas trasnacionales, especialmente a consorcios españoles, cuya entrega del vital suministro y fijación de tarifas ocasiona problemas a la población.

También determinó la desaparición de la prestigiosa estatal Empresa Portuaria de Chile, Emporchi, para ceder todos los puertos del país a inversionistas cuya única aspiración es multiplicar sus ganancias y utilidades. De tal manera los puertos que son un patrimonio estratégico de la soberanía permanecen hace años en manos de multimillonarios empresarios privados.

Frei Ruiz-Tagle y el actual presidente Kast tienen mucho en común, coincidencia en que sobresale su afán por la demolición del Estado para dejar el campo libre a la iniciativa de quienes son los dueños del dinero que llevan a cabo la concentración económica. Ello le ha valido a Frei ser nombrado embajador especial de este gobierno, cargo que desarrolla junto con participar en los grandes eventos empresariales, estar siempre atento para apoyar las decisiones gubernamentales y desempeñarse como columnista ocasional de El Mercurio.

No le destina tiempo a la Democracia Cristiana, de la cual se mantiene alejado. También lo está de los sindicalistas, los pobladores y los estudiantes de ese partido, que otrora solían obtener resonantes victorias que hoy se echan de menos. Asimismo, parecen estar de más las grandes sedes partidarias de antaño: en el edificio que siempre fue su amplia sede en la Alameda, en Santiago, han sido arrendados diversos pisos a terceros y en Valparaíso fue entregado el inmueble de Pedro Montt, frente al Parque Italia, porque ya la actividad es escasa y la militancia cabe en recintos pequeños.

Coincidencia o no, desde el término del gobierno de Frei Ruiz-Tagle, el PDC no ha vuelto a ganar nunca más nada importante ni significativo, y se ha limitado a acumular solo pérdidas o derrotas. De ello se cumplieron 26 años.

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