12 de julio de 2026 21:23
  • Francisco Bartolucci Johnston, abogado y académico

A estas alturas, que se llegue o no a un acuerdo político para aprobar la “Ley Miscelánea” impulsada por el gobierno para reactivar la debilitada situación económica del país, da exactamente lo mismo. El daño ya está hecho.

El largo, penoso y batallado camino que se ha recorrido muestra algo mucho más grave que lo que las magras cifras dan cuenta: muestra la mezquindad de actores políticos que encerrados en sus dogmas y movidos por sus intereses partidistas y personales prefieren que la alternativa gubernamental fracase, aunque esto signifique continuar en una situación económica que perjudica fuertemente a todos los chilenos.

Me pregunto: ¿Quién se ve motivado a invertir en un país que al discutir normas que lo reactiven, da un espectáculo como el que estamos presenciando? ¿Quién invertiría en un país donde un sector político con una importante votación -aunque no mayoritario- declara “si esta reforma se aprueba, en cuanto tengamos un voto más la echaremos abajo”? ¿Quién arriesgaría su capital en un país cuyo gobierno se ve imposibilito de tomar la conducción económica y la oposición sueña con sus dogmas de mayores impuestos, regulaciones y proteccionismo? ¿Quién estaría dispuesto a emprender en un país políticamente fraccionado donde las voces más extremas alientan el debate, impulsando permanentemente a la confrontación?

La inversión para surgir no requiere menos impuestos, ni beneficios especiales, requiere, justamente, lo que la discusión de este proyecto de ley ha demostrado que está ausente: estabilidad política y actores responsables, reglas claras y permanentes, ausencia de regulaciones que impidan avanzar y un clima de confianza que la aliente.  Nada de lo anterior se ha reforzado en la discusión del proyecto en comento, por el contrario, se ha lesionado. La reactivación económica tendrá que seguir esperando. Mientras tanto, los ciudadanos tendremos que hacer lo de siempre: trabajar y pagar impuestos.

 

 

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