- Osvaldo Urrutia Soto, consejero regional de Valparaíso
En momentos de crisis, las autoridades están obligadas a elegir entre destinar los recursos a inversión social o diluirlos en gasto en festividades de brevísimo plazo y bajo impacto social.
La aprobación unánime del Consejo Regional de Valparaíso de nuevas bases para los fondos concursables, destinadas a impedir el financiamiento de celebraciones de Fiestas Patrias, Navidad o Año Nuevo con recursos del Gobierno Regional, constituye una señal clara y necesaria: los recursos públicos deben estar al servicio del desarrollo regional y no de gastos festivos de corto alcance.
La unanimidad del acuerdo no solo refleja una coincidencia transversal, sino que adquiere un significado institucional más profundo. Cuando un órgano colegiado converge plenamente en una decisión de esta naturaleza, establece un estándar claro respecto del uso responsable de los recursos públicos y de las prioridades que deben orientar la acción del Gobierno Regional.
Durante años se fue configurando una práctica que, bajo distintos argumentos, permitió destinar recursos a actividades de carácter recreativo. Sin desconocer su valor comunitario, resulta evidente que estas iniciativas no pueden ocupar un lugar prioritario frente a las múltiples y urgentes necesidades que enfrenta la región.
Valparaíso requiere avanzar en infraestructura y equipamiento en salud, fortalecer la seguridad, ampliar la cobertura de agua potable y alcantarillado, mejorar la atención a una población que envejece aceleradamente y reforzar la educación preescolar, entre otras urgencias. En ese contexto, cada peso debe responder a criterios de impacto, rentabilidad social y beneficio permanente para la ciudadanía.
Ordenar las prioridades no es una definición ideológica, sino una exigencia de responsabilidad pública. Supone reconocer que los recursos regionales deben orientarse a proyectos que contribuyan efectivamente a mejorar la calidad de vida y reducir brechas entre los habitantes de la región.
En ese sentido, la señal del Consejo Regional no solo corrige una práctica, sino que orienta —de manera clara— la forma en que deben adoptarse las decisiones en materia de asignación de recursos.
En escenarios de estrechez fiscal, destinar fondos regionales al derroche festivo no solo es un error: constituye una señal de desconexión con las verdaderas urgencias de la región. Esta vez, el Consejo Regional actuó con criterio, unidad y sentido de responsabilidad.