9 de marzo de 2026 12:20
  • Hugo Alcayaga Brisso, periodista

En las postrimerías de su periodo constitucional el gobierno del presidente Gabriel Boric se ha visto enfrentado a otra crítica situación impuesta por el imperialismo yanqui, de la que debe salir adelante con la convicción de que Chile no puede estar permanentemente sometido a las decisiones de un mandatario extranjero ávido de poder a nivel planetario.

Para nadie es un misterio que ese mandatario no está bien, sufre alteraciones mentales y se le ve lleno de odio hacia quienes no aceptan su intromisión en todo lo ajeno, su desconocimiento del derecho internacional y su porfía por dejar de lado la soberanía de los pueblos.

Ahora La Moneda ha tenido que responder al embajador norteamericano en Santiago, Brandon Judd, fiel exponente – de tal palo tal astilla – de las políticas intervencionistas del jefe del imperio yanqui, Trump, quien ordena bombardear todo lo que se venga en gana y quien cada día muestra ante el mundo su incontrastable poderío bélico y económico para amedrentar a los demás y tomar posesión de lo que no le corresponde.

Desde el 3 de enero pasado Trump mantiene secuestrado al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por encabezar un régimen socialista y pretende ahogar a Cuba y su pueblo mediante un perverso bloqueo petrolero, porque no olvida que allí se produjo la más resonante revolución del socialismo en el siglo pasado. Trump resalta que en Cuba no hay dinero, petróleo ni comida.

Esta vez las ha emprendido contra Chile, porque el actual gobierno no le satisface. No está entre los gobiernos que manifiestan servilismo ni entre los que acuden a la Casa Blanca a postrarse a sus pies, sino que mantiene una posición digna e independiente.

Amplios sectores de la sociedad chilena han reaccionado con molestia ante la sanción anunciada por Estados Unidos contra tres funcionarios del gobierno chileno – el ministro de Transportes, el subsecretario de Telecomunicaciones y el jefe de gabinete de esa subsecretaría – debido al proyecto para construir un cable submarino con China.  Ese proyecto entre Valparaíso y Hong Kong se mantiene en estos momentos en etapa de evaluación.

Esa sanción prohíbe la entrada de esos funcionarios al territorio estadounidense porque “socava la seguridad nacional” a juicio del imperio. La Casa Blanca no tiene en cuenta que esta determinación unilateral es grave y afecta la sólida relación que Chile ha construido con EE.UU. bajo diversos gobiernos en tiempos de democracia.

El embajador Judd ha señalado en Santiago que “es decisión soberana quienes entran en nuestro país. Vamos a proteger nuestros intereses de seguridad nacional, lo que no debería sorprender a nadie”. Ello en relación al proyecto Chile China Express, que apunta a tender un cable submarino que competiría directamente con la transmisión de datos de otra iniciativa similar adjudicada a Google.

Judd fue más allá porque afirmó que se podrían revisar otros programas que se mantienen en funciones. En tal sentido advirtió sobre una posible “revisión de programas que brindan beneficios a los chilenos”, incluyendo la revocación de visas para ingresar a EE.UU.

En 1973 Chile sufrió un sangriento golpe de estado propiciado por Washington y ejecutado por las FF.AA.  en combinación con la derecha política, la oligarquía todopoderosa y el gran empresariado, a causa de lo cual murió el presidente constitucional. En esa oportunidad mientras era bombardeada La Moneda el mandatario socialista cayó en defensa de la democracia.

Ello fue seguido por una feroz dictadura de 17 años, en que murieron o desaparecieron sobre 5 mil compatriotas, dramática experiencia que el pueblo no quisiera que se repitiera. Es lo que hoy encarecidamente se debe evitar, con una firme actitud de dignidad y soberanía ante el Gran Emperador Planetario acostumbrado a la sumisión de los gobiernos de otros países.

Hay voces que se escuchan exigiendo además que se declare persona non grata al embajador títere Judd. Este presunto diplomático lanza amenazas, descalifica a las autoridades y trata a Chile como si fuera una colonia norteamericana. Tampoco este individuo sabe de derecho internacional, libre determinación de los pueblos, igualdad soberana de los países ni de la indispensable no intervención.

El partido del presidente, el Frente Amplio, señaló que las medidas tomadas por el gobierno yanqui contra autoridades y funcionarios del gobierno de Chile son una manifestación más de la política imperialista de Trump que pretende que todos los países deben someterse servilmente a sus intereses particulares.

Mientras el imperio acecha, el pueblo debe movilizarse: le costó mucho la recuperación de la actual democracia como para que ésta vuelva a ser mancillada por los odiosos afanes de un mandatario extranjero que sigue mostrando al mundo que – a la luz de sus acciones – ha caído en la demencia.

 

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