2 de marzo de 2026 04:41
  • Nicolás Farfán, sociólogo, experto en Alta Dirección Internacional, ex candidato a diputado

En Chile, la “lista de espera” en salud para recibir una atención médica digna es más que una cifra: es —lamentablemente— una experiencia compartida de dolor, de desamparo, de diagnósticos que llegan tarde; de familias que sucumben tras la tardanza y personas que mueren.

La realidad humana de una “lista de espera” es cruda. Por eso hoy me permito criticar, desde lo humano y lo social, la aparición de una “operación exprés” con la madre de la ministra de Salud, Ximena Aguilera, que genera una reacción social inmediata por la sensación de injusticia y privilegio que provoca.

Acciones como esta, en donde por el poder político se elige quién va primero y quién va después, fragmentan lo social y erosionan la ética, porque las decisiones del poder no pueden estar por sobre la ciudadanía que necesita la construcción de narrativas justas, universales y transparentes, que son las que sostienen la democracia.

Cuando eso falla, y se opta por el silencio y la demora en dar explicaciones, la legitimidad del poder flaquea. El prolongado silencio de la autoridad amplifica la sospecha y transmite liviandad frente a hechos que tocan el núcleo de la igualdad ante el Estado.

La política se degrada y se vuelve aún más ajena y distante. Se sentencia la frase de Nietzsche de que “el Estado es el monstruo más frío de todos los monstruos” y ahí, fuera de los colores políticos, se visualiza una falla garrafal del Gobierno, que también guarda silencio como un cómplice que no sentencia una acción injustificada.

En un gobierno que proclamó “lo igual y lo justo” y que está a días de dejar su mandato, esto es deleznable y polariza aún más lo ya polarizado en una cartera que debe dar garantías de vida y no lo contrario… porque la SALUD, recordemos, es un derecho protegido por leyes internacionales y propias.

Seamos realistas: acá el problema no es una madre operada, sino que no todos valen lo mismo (y eso es lo que se plantea). El problema no es solo moral, es vital. Acá la percepción social es que por la decisión de una ministra, se salvó a una persona de su círculo cercano y falleció otra. ¿Esto no es clientelismo?

 

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