9 de abril de 2026 04:22
  • Se cumplió lo que él había solicitado hace un par de meses, recibiendo un multitudinario acompañamiento hasta su última morada

Cumpliendo su deseo, en el momento que el féretro con el cuerpo de César Antonio Ramírez Arellano era sepultado en el cementerio parque de Molina, un charro interpretó las canciones mexicanas que a él le gustaban, mientras que sus cuatro hijos tuvieron que alzar una copa con tequila, para beber parte de ella y lanzar el resto a la tumba.

Así lo había señalado Ramírez hace unos meses, al anunciarles en que cuando Dios lo llamara, cumplieran sus deseos, lo que ocurrió cuando inexplicablemente se electrocutó mientras regaba en su hogar.

Por supuesto que la muerte fue sorpresiva a los 71 años de edad, considerando que el año 1998 superó un cáncer a la próstata y solo se sometía a un control cada cuatro meses, para consumir una droga preventiva en el centro asistencial donde se atendía.

SU HIJA VIVIANA

Viviana Ramírez, que es presidenta de la Junta de Vecinos de Casablanca, como hija de César Ramírez, dijo que era una persona cariñosa, hogareña pero “era muy bruto para sus cosas y como le gustaba andar a pie pelado en su terreno, mientras regaba fue a desconectar la manguera y se electrocutó en una situación inesperada”.

Dijo que su papá era bueno para la pelota: “Jugaba de tres y nadie lo pasaba, ya que si llegaba a ocurrir lo derribaba. Era hachero como se dice en el fútbol. Allí jugaba junto al Catulo, Aguilar y otros amigos. Fue un jugador muy importante de club deportivo Favorita donde lo querían mucho”.

EL REGALO QUE LE HICIERON

Ella resaltó el hecho de que su padre trabajó por espacio de 48 años como obrero agrícola en el fundo de Patricio Douisallant. Cuando llegó el momento de cerrarlo, el “Pato” hijo, ya que no estaba el padre, lo llamó a la oficina, en momentos que ya partía en dirección a la casa y le dijo “tú fuiste toda tu vida muy leal con nosotros. Toma aquí las llaves de una casa que te regalamos y un terreno de más de mil metros cuadrados. No lo creía. Se fue emocionado y agradecido”. Fue al único trabajador que se le hizo ese reconocimiento.

“Él se levantaba a las seis de la mañana para ir a trabajar y justamente por eso le hicieron ese tributo, ya que pensaba que nadie se daba cuenta de ese apego a cumplir con su deber diario”, agregó emocionada Viviana Ramírez.

Era un hombre sencillo, de campo, cariñoso con las amistades y muy solidario. Tenía una huerta hasta donde llegaban familiares y amigos a quienes les regalaba todo lo que producía: tomates, lechugas, papas, pepinos, etc.

EL ZUMBA

La decían “El Zumba”, porque a la hora de lanzar piedras, ya sea con la mano o con una honda, tenía una puntería fenomenal: Hacia zumbar las piedras ganándose ese apelativo por tener esa virtud de ser certero y preciso con buen hombre del agro.

Los cuatro hijos, los nueve nietos y toda la comunidad de Casablanca y alrededores se desbordó para acompañarlo hasta su última morada, donde Vicente el Charro Morales de La Domadura, interpretó las canciones mexicanas que él había solicitado, mientras que sus cuatro hijos bebieron el tequila mexicano que exigía este ceremonial y dejaron caer sobre su ataúd el resto del virtuoso líquido, cumpliéndose con el mensaje que les había dejado y que respetaron en medio de un ambiente cargado de emociones, cánticos, rezos y lágrimas.

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