13 de abril de 2026 10:12
  • Chile puede liderar la reindustrialización verde si permite reconvertir vehículos diésel en eléctricos. Una Ley Retrofit abriría oportunidades para talleres, pymes y municipios, fortaleciendo la electromovilidad con un enfoque circular y sostenible.

En los últimos años, Chile ha consolidado un liderazgo en electromovilidad. Más de 2.550 buses eléctricos circulan hoy por Santiago, representando cerca del 68% de la flota del sistema RED Movilidad. Además, nueve comunas —entre ellas Valparaíso, del Distrito 7— cuentan con este tipo de servicio, alcanzando, según el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, una cobertura del 55% a nivel nacional.

Este avance, el segundo más importante a nivel mundial después de China, ha sido posible gracias a una política pública sostenida que combina planificación, inversión y compromiso con la carbono neutralidad al año 2050, como parte del Plan Nacional de Descarbonización.

Sin embargo, esta transformación enfrenta un obstáculo: la falta de regulación del retrofit, es decir, la conversión de vehículos a combustión interna en eléctricos. Desde 2019, una circular del Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones impide realizar este tipo de reconversiones sin homologación oficial, dejando fuera de la legalidad a diversas iniciativas impulsadas por universidades, empresas y gobiernos locales.

Ante esta barrera normativa, propongo avanzar hacia una Ley Retrofit, que permita a talleres certificados transformar motores diésel en eléctricos bajo estándares de seguridad y calidad. No se trata solo de una medida técnica, sino de un cambio de paradigma: pasar de una lógica de reemplazo a una de revalorización y generación de valor agregado.

Aprovechar lo existente, bajo principios de reutilización con propósito, significa extender la vida útil de los vehículos, reducir emisiones y generar empleo local. Este enfoque aborda un problema estructural de la economía moderna: la obsolescencia de la deseabilidad. En lugar de descartar vehículos aún funcionales, la reconversión eléctrica los revitaliza.

El resultado es concreto: menos emisiones, menos residuos, más vehículos eléctricos accesibles, ahorro de recursos y generación de empleo verde. Es economía circular en acción: la base de una política pública moderna y sostenible.

La implementación de esta ley abriría espacio para la participación de pymes, talleres regionales y centros técnicos, fortaleciendo capacidades locales y creando nuevas oportunidades laborales. También permitiría que municipios y operadores accedan a transporte eléctrico a menor costo, democratizando la electromovilidad y potenciando el desarrollo territorial.

En el ámbito industrial, el retrofit representa además la posibilidad de virtualizar la cadena de valor, integrando software, monitoreo remoto y gestión energética avanzada en vehículos existentes. Así, Chile podría fortalecer su soberanía tecnológica y dar un paso decisivo hacia la reindustrialización verde.

Este modelo – alineado con el marco internacional RESOLVE de economía circular -integra regeneración, optimización y reutilización como pilares del desarrollo sostenible. Chile tiene la experiencia, la infraestructura y el talento humano necesarios para liderar este proceso.

La Ley Retrofit no es una excepción técnica: es una pieza clave para avanzar hacia un sistema de transporte limpio, eficiente y equitativo. Así como en Iquique se cambian los volantes, hoy Chile puede cambiar motores y transformar la electromovilidad en un verdadero pilar del desarrollo verde y regional del país.

  • Nicolás Farfán, candidato a diputado Distrito 7

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